I
Filomeno Cuevas, criollo ranchero, había dispuesto para aquella noche armar a sus peonadas con los fusiles ocultos en un manigual, y las glebas de indios, en difusas líneas, avanzaban por los esteros de Ticomaipú. Luna clara, nocturnos horizontes profundos de susurros y ecos.
II
Saliendo a Jarote Quemado con una tropilla de mayorales, arrendó su montura el patrón, y ala luz de una linterna pasó lista:
—Manuel Romero.
—¡Presente!
—Acércate. No más que recomendarte precaución con ponerte briago. La primera campanada de las doce será la señal. Llevas sobre ti la responsabilidad de muchas vidas, y no te digo más. Dame la mano.
—Mi jefesito, en estas bolucas somos baqueanos.
El patrón repasó el listín:
—Benito San Juan.
—¡Presente!
—¿Chino Viejo te habrá puesto al tanto de tu consigna?
—Chino Viejo no más me ha significado meterme con alguna caballada por los rumbos de la feria y tirarlo todo patas al aire. Soltar algún balazo y no dejar títere sano. La consigna no aparenta mayores dificultades.
Ramón María del Valle-Inclán. Tirano Banderas
EL ESPAÑOL DE AMÉRICA
Valle-Inclán, en una carta al mexicano
Alfonso Reyes en 1923 , reconocía que su "Tirano Banderas" era «una suma de todos los países de lengua española, desde el modo lépero al modo gaucho». Como reconoce en su prólogo a la novela Darío Villanueva, Valle no escribe en castellano, ni en español, sino en "una koiné hispánica de inabarcables fronteras, que van desde California a la Patagonia". Esa unidad que ya detectó Valle sigue hoy presente a pesar de toda la diversidad de acentos.