Tantanes

 

(En construcción)

Este era un hombre tan tacaño, tan tacaño, que soñó que se tomaba un café en un restaurante y se despertó para no pagarlo. 
Era un hombre tan feo, tan feo, que cuando murió tuvieron que recubrirlo de mortadela para que se lo comieran los gusanos. 
Era un hombre tan bizco, tan bizco, que cuando lloraba las lágrimas le caían por la espalda. 
Era un hombre tan viejo, tan viejo, que llegó a ver el arco iris en blanco y negro. 
Era un niño tan feo, tan feo, que tenían que atarle un trozo de carne al cuello para que el perro jugara con él. 
Era una mujer tan menuda, tan menuda, que en lugar de dar a luz sacaba chispas. 
Era un hombre tan viejo, tan viejo, que cuando iba al colegio aún no habían clases de historia. 
Era un hombre tan bajito, tan bajito, que cuando murió, en lugar de ir al Cielo fue al techo. 
Era un hombre tan alto, tan alto, que tropezó en un pueblo y fue a caer en otro. 
Era un bebé tan feo, tan feo, que cuando nació el doctor lo lanzó al aire y dijo: si vuela es murciélago. 
Era un hombre tan viejo, tan viejo, que conoció al mar Muerto cuando todavía estaba enfermo. 

Era un tipo tan tonto, pero tan tonto que disparó un tiro al aire,... y falló

 

Era una abuela tan dulce, tan dulce, tan dulce que todos sus nietos salieron diabéticos.

Era una adivina tan buena, tan buena, tan buena que además del futuro adivinaba el pluscuamperfecto del subjuntivo.

Era un arbitro tan casero, tan casero, tan casero que arbitraba en bata y pantuflas de andar por casa. (Dedicado al trío arbitral del Corea-España)

Era un aristócrata tan aristócrata, tan aristócrata, tan aristócrata que tenía un abolengo tan rancio que hasta olía mal.

Era un atleta tan rápido, tan rápido, tan rápido que al dar vueltas a una farola se mordía la oreja.

Era un atleta tan viejo, tan viejo, tan viejo que tenia buen estado atlético, porque cuando nació se pasaba el día saltando para no quemarse con la tierra caliente.

Era una bailarina a la que le gustaba tanto, tanto, tanto los perros que solo bailaba el can-can.

Era tan bajito, tan bajito, tan bajito que en lugar de bajito ya era hondo.

Era un bebé tan feo, tan feo, tan feo que su madre, en lugar de darle el pecho le daba la espalda.

Era tan bizco, tan bizco, tan bizco que las lágrimas le caían por la espalda.

Era tan borracho, tan borracho, tan borracho que se ponía un cigarrillo en la boca y parecía un cóctel molotov.

Era un boxeador tan profesional, tan profesional, tan profesional que hasta se ponía los guantes para pegar sellos.

Era un brasileño tan rico, tan rico, tan rico que en vez de pagar con cruceiros pagaba con acorazados.

Era una bruja tan tonta, tan tonta, tan tonta que no se dedicaba a las ciencias ocultas porque no las encontraba.

Era un caballo tan cansado, tan cansado, tan cansado que al ponerle la silla se sentó.

Era tan cabezón, tan cabezón, tan cabezón que para entrar en su automóvil, lo hacía de lado.

Era una calle tan ancha, tan ancha, tan ancha que en vez de pasos de cebra tenía pasos de elefante.

Era un calle tan estrecha, tan estrecha, tan estrecha que le pusieron por nombre "Entra y sal si puedes"

Era un capataz tan malo, tan malo, tan malo que ni jugando al ajedrez conseguía mover los peones.

Era una casa tan alta, tan alta, tan alta que se cayó una teja el lunes y llego al suelo el viernes.

Era una casa tan bien puesta, tan bien puesta, tan bien puesta que los cubiertos de plata eran de oro.

Era una casa tan elegante, tan elegante, elegante que las cucarachas vestían de gala para cenar.

Era una casa tan grande, tan grande, tan grande que la familia tardaba varios días en reunirse.

Era una casa tan pequeña, tan pequeña, tan pequeña que cuando venía le médico, el paciente tenía sacar la lengua por debajo de la puerta.

Era una casa tan bien puesta, tan bien puesta, tan bien puesta que los cubiertos de plata eran de oro.

Era un cazador tan despistado, tan despistado, tan despistado que se cargaba todos los relojes de cuco.

Era un cazador tan malo, tan malo, tan malo que cuando iba a cazar, que los conejos en lugar de huir le pedían autógrafos.

Era una charca tan seca, tan seca, tan seca que hasta las ranas llenaban la cantimplora.

Era una chica tan mona, tan mona, tan mona que sólo comía cacahuetes.

Era un chico tan tonto, tan tonto, tan tonto que creía que el más grande porque llevaba gafas de aumento.

Era una china tan grande, tan grande, tan grande que más que una china era un pedrusco.

Era un chino tan patriota, tan patriota, tan patriota que en el listín de teléfonos sólo consultaba las páginas amarillas.

Era tan chiquito. tan chiquito, tan chiquito que cuando murió, en lugar de ir al cielo... se fue al techo.

Era un chiste tan malo, tan malo, tan malo que tuvieron que castigarlo.

Era un cirujano tan tacaño, tan tacaño, tan tacaño que aplicaba anestesia con un martillo.

Era un coche tan malo, tan malo, tan malo que en vez de matrícula llevaba suspenso.

Era un coche tan moderno, tan moderno, tan moderno que en vez de radio llevaba diámetro.

Era un coche tan rápido, tan rápido, tan rápido que se pasaba los pueblos de dos en dos.

Era un cura tan bajito, tan bajito, bajito que en vez de llevar sotana usaba minifalda.

Era una curva tan cerrada, tan cerrada, tan cerrada que no era curva sino circulo y quien la tomaba en moto se quedaba bizco.

Era tan delgada, tan delgada, tan delgada que se comió una lata de frijoles y parecía un rosario.

Era tan deforme, era tan deforme, era tan deforme que era más fácil reconocerla por su huella digital.

Era un dibujante tan malo, tan malo, tan malo que cuando se ponía a dibujar, en vez de coger el lápiz, cogía directamente la goma de borrar.

Era un dibujante tan exigente, tan exigente, tan exigente que pedía los calamares con tinta china.

Era un enano tan enano, tan enano, tan enano que sólo se le veía al microscopio.

Era un escritor tan verde, tan verde, tan verde que escribía sus novelas en hojas de lechuga.

Era una escuela tan pobre, tan pobre, tan pobre aquel maestro tenia que poner hasta los alumnos.

Era un espermatozoide tan bobo, tan bobo, tan bobo, tan bobo, que le llamaban: el tonto de los cojones

Era un espía tan profesional, tan profesional, tan profesional que mientras se duchaba se espiaba a si mismo por el ojo de la cerradura.

Era tan estúpido, tan estúpido, tan estúpido que en las olimpiadas para estúpidos ganó dos medallas de oro. Una por estúpido y la otra por si la perdía

Era un fabrica tan fría, tan fría, tan fría que las ruedas en los engranajes no paraban de dar diente con diente.

Era una familia tan flaca, tan flaca, tan flaca que cada vez que se despertaban, no se encontraban.

Era una familia tan pobre, tan pobre, tan pobre que ponían en la mesa un huevo para siete y lo que sobraba para el perro. Que por no tener no tenían ni hambre.

Era una familia tan unida, tan unida, tan unida que en vez de ordenador personal tenían ordenador continuado.

Era tan fea, tan fea que la exhibían en una feria por teléfono.

Era tan fea, tan fea, tan fea que la única vez que le silbaron, se dio vuelta y la atropelló un tren.

Era tan feo, tan feo, tan feo que asustaba hasta los ciegos.

Era tan feo, tan feo, tan feo que a los 3 meses aprendió a caminar, porque nadie lo cogía en brazos.

Era tan feo, tan feo, tan feo que cuando nació, el doctor le dió la cachetada en la cara.

Era tan feo, tan feo, tan feo que cuando nació el doctor dijo: si ladra es perro.

Era tan feo, tan feo, tan feo que cuando nació el doctor lo tiró en el agua... si nada es cocodrilo.

Era tan feo, tan feo, tan feo que cuando nació lo metieron en una incubadora con vidrios polarizados

Era tan flaca, tan flaca, tan flaca que cuando se tomaba le café muy caliente se le calentaba la ropa.

Era un gato tan pequeño, tan pequeño, tan pequeño que se sentaban en un botón y se colaba por los agujeros.

Eran unos gatos que tenían tanta hambre, tanta hambre, tanta hambre que oyeron tocar la raspa por la radio y se la comieron.

Era una familia tan numerosa que la cigüeña dormía con ellos.

Era un gitano tan goloso, tan goloso, tan goloso que se comió un brazo.

Era tan gordo, tan gordo, tan gordo que cuando caminaba sentía que le aplaudían por detrás.

Era tan gordo, tan gordo, tan gordo que cuando tomaba un taxi, su ángel de la guarda tenía que viajar en otro.

Era tan gordo, tan gordo, tan gordo que el cinturón se lo ponía con un boomerang.

Era un herrero tan despistado, tan despistado, tan despistado que se puso herraduras en las zapatillas.

Era un hipopótamo tan pequeño, tan pequeño, tan pequeño que cuando abría la boca se le veían los pies.

Era un hombre tan alto, tan alto, tan alto que se tropezó en un pueblo y fue a caer a otro.

Era un hombre tan avaro, tan avaro, tan avaro que iba en silla de ruedas para no gastar los zapatos.

Era un hombre con la boca tan grande, con la boca tan grande, con la boca tan grande que cuando salía a la calle se la llenaban de cartas.

Era un hombre que iba tanto, tanto, tanto al cine que se encinó y echó bellotas.

Era un hombre tan agarrado, tan agarrado, tan agarrado que no se podía soltar.

Era un hombre tan alto, tan alto, tan alto que se le cayó su hijo y cuando fue a cogerlo ya había hecho la mili.

Era un hombre tan alto, tan alto, tan alto que Iberia lo contrató como semáforo de aviones

Era un hombre tan bajito, tan bajito, tan bajito que con la cáscara de una nuez y con la ficha de parchis se hizo un platillo volante y fabrico una central térmica con la cabeza de una cerilla.

Era un hombre tan bajito, tan bajito, tan bajito que no le llegaban los pies al suelo.

Era un hombre tan bajito, tan bajito, tan bajito que se sentaba en una peseta y le sobraban dos reales.

Era un hombre tan bizco, tan bizco, tan bizco que solo tenia un ojo.

Era un hombre tan bueno, tan bueno, tan bueno que cuando fue al medico y vio un cartel que decía "sea breve" y se murió.

Era un hombre tan burro, tan burro, tan burro que no sabia ni rebuznar.

Era un hombre tan caballeroso, tan caballeroso, tan caballeroso que pedía a un pie permiso para adelantar el otro.

Era un hombre tan cabezón, tan cabezón, tan cabezón que en vez de piojos tenia gremlins.

Era un hombre tan calvo, tan calvo, tan calvo que se le veía las ideas.

Era un hombre de carácter tan abierto, tan abierto, tan abierto que la gente entraba y salía por él.

Era un hombre tan cerrado, tan cerrado, tan cerrado que le contrataron para puerta blindada.

Era un hombre tan cobarde, tan cobrde, tan cobarde que por no pegar, no pegaba ni sellos.

Era un hombre tan delgado, tan delgado, tan delgado que cuando se murió le tuvieron que enterrar con hojas de morena para que tuvieran algo que comer los gusanos. Que tenía que pasar dos veces por el mismo sitio para hacer sombra.

Era un hombre tan dentudo, tan dentudo, tan dentudo que cuando iba a los conciertos le confundían con el piano.

Era un hombre tan dulce, tan dulce, tan dulce que en vez de tener almorranas tenía almendras garrapiñadas.

Era un hombre tan duro, tan duro, tan duro que le llamaban "seis pesetas" porque se pasaba de duro.

Era un hombre tan egoísta, que no salía al sol, para no dar sombra.

Era un hombre que estornudaba tan seguido, tan seguido, tan seguido que cuando le decían ¡ Jesús!, no tenía tiempo de dar las gracias.

Era un hombre tan feo, tan feo, tan feo que daba susto al miedo.

Era un hombre tan flaco, tan flaco, tan flaco que se dedicaba a limpiar mangueras por dentro.

Era un hombre tan friolero, tan friolero, tan friolero que en vez de tener frío tenia heladas.

Era un hombre tan gafe, tan gafe, tan gafe que puso una pastelería y al cabello de ángel le salió caspa.

Era un hombre tan gordo, tan gordo, tan gordo que se monto en un caballo y se desparramó por los lados.

Era un hombre tan grande, tan grande, tan grande que tenía que entrar a casa plegado.

Era un hombre tan honrado, pero tan honrado, que cuando consiguió empleo lo devolvió.

Era un hombre tan ignorante, tan ignorante, tan ignorante que para mantener España limpìa quiso quitar La Mancha.

Era un hombre tan largo, tan largo, tan largo que le pusieron de nombre " Continuara".

Era un hombre tan lento, tan lento, tan lento que cuando todo el mundo compraba turrón, él estaba comprando en las rebajas de verano.

Era un hombre tan limpio, tan limpio, tan limpio que se liaba los cigarrillos en papel higiénico.

Era un hombre tan madrugador, tan madrugador, tan madrugador que un día se levanto y todavía no habían puesto las calles.

Era un hombre tan miope, tan miope, tan miope que se acerco a un puesto de melones y pidió aceitunas.

Era un hombre tan narizón, tan narizón, tan narizón que sus hijos lo utilizaban para colgar el columpio.

Era un hombre tan orejón, tan orejón, tan orejón que escuchaba las conversaciones en frecuencia modulada.

Era un hombre tan pacifico, tan pacifico, tan pacifico que por no pegar, no pegaba ni sellos.

Era un hombre tan paleto, tan paleto, tan paleto que plantó un torrezno para que naciese un cerdo.

Era un hombre tan patoso, tan patoso, tan patoso que en su tiempo libre se dedicaba a hacer el ganso.

Era un hombre que tenia los pies tan grandes, tan grandes, tan grandes que en la zapatería le sacaban el numero mas grande y le probaban la caja.

Era un hombre tan pobre, tan pobre, tan pobre que se compro una escopeta para ir tirando.

Era un hombre de tan pocas palabras, tan pocas palabras, tan palabras que incluso era mudo.

Era un hombre tan puntual, tan puntual, tan puntual que era redondo.

Era un hombre tan rápido, tan rápido, tan rápido que en vez de comer a la carta, comía al telegrama.

Era un hombre tan rápido, tan rápido, tan rápido que se daba por culo al rodear una plaza.

Era un hombre tan resfriado, tan resfriado, tan resfriado que tenia el pañuelo más sonado que el himno nacional.

Era un hombre tan rico, tan rico, tan rico que en vez de tener líneas en las manos, tenía bingos.

Era un hombre tan sano que cuando inauguraron el cementerio tuvieron que ir a por muertos al pueblo de al lado.

Era un hombre tan serio, tan serio, tan serio que salía a la calle con una silla en la cabeza para demostrar que tenía la cabeza bien sentada.

Era un hombre tan supersticioso, tan supersticioso, tan supersticioso que se hizo carpintero para tocar siempre madera.

Era un hombre tan tontín, tan tontín, tan tontín que le llamaban "el campanitas"

Era un hombre tan tonto, tan tonto, tan tonto que fue a un concurso de tontos y se quedó el segundo por tonto.

Era un hombre tan tonto, tan tonto, tan tonto que se cortó una oreja porque la tenia repetida.

Era un hombre tan tonto, tan tonto, tan tonto que metía el periódico en la nevera porque le gustaba leer las noticias frescas.

Era un hombre tan vago, que iba a cazar caracoles, y se le escapaban de las manos.


Era un hombre tan viejo, tan viejo, tan viejo que conoció al rey de bastos cuando era sargento.

Era una iglesia tan grande, tan grande, tan grande que el cura daba la comunión en moto.

Era una iglesia con el techo tan bajo, que el cura en vez de decir "Podéis sentaros" decía "Cuerpo a tierra".

Era una iglesia tan oscura, tan oscura, tan oscura que el Cristo en vez de estar en la cruz estaba acojonado en un rincón.

En una iglesia con tantas columnas, tantas columnas, que el cura tiene que dar las hostias con efecto.

Era un inventor tan despistado, tan despistado, tan despistado que nunca inventó nada, se le olvidó.

Era un jinete tan malo, tan malo, tan malo que montaba en cólera porque no sabía montar a caballo.

Era un jugador de fútbol tan malo, tan malo, tan malo que metió un gol y en la repetición lo falló.

Era un libro tan corto, tan corto, tan corto que en el título estaba la trama y el desenlace.

Era un manzano tan alto, tan alto, tan alto que cuando se le caían las manzanas al llegar al suelo ya estaban podridas.

Era un mar tan salado, tan salado, tan salado que en vez de dar olas, daba ¡olés!

Era tan maricón, tan maricón, tan maricón que se ponía un supositorio...¡ y se le caía!

Era un medico tan tonto, tan tonto, tan tonto que apuntaba en la oficina de desempleo a los corazones con paro cardiaco.

Era una monja tan delgada, tan delgada, tan delgada que sé tragó un hueso de aceituna y la echaron del convento porque creyeron que estaba embarazada.

Era tan moroso, tan moroso, tan moroso para pagar que cuando Dios dijo "hágase la luz" el tipo ya debía dos facturas

Esto era una mujer que tenía tantas arrugas, tantas arrugas, tantas arrugas que se tenía que poner las bragas a rosca.

Era una mujer tan avara, tan avara, tan avara que iba siempre en silla de ruedas para no gastar zapatillas.

Era una mujer tan baja, tan baja, tan baja para fregar el suelo tenia que subirse a una silla.

Era una mujer tan bigotuda, tan bigotuda, tan bigotuda que cuando le daba un beso a su marido le cepillaba el traje.

Era una mujer tan bizca, tan bizca, tan bizca que cuando lloraba le caían las lágrimas por la espalda.

Era una mujer que tenia la boca tan pequeña, tan pequeña, tan pequeña que para decir "tres" tenia que decir "uno, uno, uno".

Era una mujer tan bruta, tan bruta, tan bruta que planchaba la ropa a martillazos.

Era una mujer tan celosa, tan celosa, tan celosa que le regaló a su marido un tocadiscos de alta fidelidad.

Era una mujer tan dulce, tan dulce, tan dulce que la echaron en el café.

Era una mujer tan fea, tan fea, tan fea que su marido se la llevaba a todas partes para no tener que darle un beso de despedida.

Era una mujer tan flaca, tan flaca, que la otra vez que llovió no le sirvió el paraguas sino su funda, que usó como impermeable.

Era una mujer tan delgada que se comió una lata de frijoles y parecía un rosario.

Era una mujer tan fuerte, tan fuerte, tan fuerte que cuando daba a luz fundía a los plomos.

Era una mujer tan gorda, tan gorda, tan gorda que cuando se acostaba en la cama se desparramaba por los dos lados. Que cuando iba por la calle parecía una manifestación.

Era una mujer tan guapa, tan guapa, tan guapa que no entraba en casa para que todo el mundo la viera.

Era una mujer tan infiel, tan infiel, tan infiel que para hacer el amor con ella, su marido se tenia que disfrazar de vecino.

Era una mujer tan limpia, tan limpia, tan limpia que se volvió transparente.

Era una mujer tan pobre, tan pobre, tan pobre que en vez de dar a luz dio a oscuras.

Era una mujer tan tonta, tan tonta, tan tonta que rompió el botijo para limpiarlo por dentro.

Era un nadador tan rico, tan rico, tan rico que nadaba en la abundancia.

Era un negro tan pesimista, tan pesimista, tan pesimista que lo veía todo blanco.

Era una niña tan pelota, tan pelota, tan pelota que iba saltando al colegio.

Era un niño tan dentudo, tan dentudo, tan dentudo que cuando llegaba a casa le subían a una silla para no rayar el parquet.

Era un niño tan flaco, tan flaco, tan flaco que aunque iba al colegio siempre le ponían falta.

Era un niño tan feo, tan feo, tan feo que en vez de ir al zoológico le venían a ver a su casa.

Era un niño tan goloso, tan goloso, tan goloso que pasó delante de una pastelería, se le hizo la boca agua y casi se ahoga.

Era un niño tan vago, tan vago, tan vago que se levanto un lunes para estudiar el martes, pero como vio el miércoles que el jueves llovía, dijo el viernes: ¿para que estudiar un sábado si el domingo es fiesta?

Este era un hombre tan olvidadizo, tan olvidadizo, tan olvidadizo que fue a orinar al baño de la vecina y se le olvidó el pene.

Era un pájaro tan vago, tan vago, tan vago que no comía por no abrir el pico.

Era un pasillo tan largo, tan largo, tan largo que cuando la madre regresó al comedor, sus hijos ya habían hecho la mili.

Era un peluquero tan hábil, tan hábil, tan hábil que peinaba las ondas sonoras con frecuencia, tanto normal como modulada.

Era tan pequeño, tan pequeño, tan pequeño que la cabeza le olía a pies.

Era un perro tan feroz, tan feroz, tan feroz que se mordía la lengua.

Era un perro tan flaco, tan flaco, tan flaco que cuando subía una cuesta se le salía el collar por el rabo.

Era una persona tan avara, tan avara, tan avara que cuando murió encogió los pies para que el ataúd fuera más pequeño y le saliera mas barato.

Era una persona tan gafe, tan gafe, tan gafe que se sentó en un pajar y se clavó la aguja.

Era una persona tan mentirosa, tan mentirosa, tan mentirosa que cuando llamaba a su perro para darle de comer; éste no le creía.

Era una persona tan pequeña, tan pequeña, tan pequeña que cuando se sentaba sobre una moneda de 25 pesetas, le sobraban 15.

Era una persona tan presumida, tan presumida, tan presumida que cuando cumplía años felicitaba a su madre.

Era un persona tan puntual, tan puntual, tan puntual que era redonda.

Era una persona tan serena, tan serena, tan serena que cuando le guillotinaron no perdió la cabeza.

Era una persona tan sucia, tan sucia, tan sucia que un día se lavó la cara y grito "¡He encontrado las gafas!".

Era un persona tan previsora, tan previsora, tan previsora que tuvo gemelos para que le quedara uno de repuesto.

Era una persona tan vaga, tan vaga, tan vaga que le gustaba madrugar para estar más tiempo sin trabajar.

Era un piragüista tan precavido, tan precavido, tan precavido que se hizo operar de cataratas.

Era un piso tan pequeño, tan pequeño, tan pequeño que para entrar en el dormitorio había que esperar el cuarto creciente.

Era un prado tan verde, tan verde, tan verde que solo podían pastar vacas mayores de dieciocho años.

Era un pueblo tan atrasado, tan atrasado, tan atrasado que tenía los semáforos en blanco y negro.

Era un pueblo tan pobre, tan pobre, tan pobre que no tenían ni nombre. Que cuando llovía salía el arco iris en blanco y negro. Que cuando el cura daba la misa del gallo rociaba dos pastillas de avecrem por la iglesia.

Era un pueblo tan sano, tan sano, tan sano que cuando inauguraron el cementerio tuvieron que ir a por los muertos al pueblo de al lado.

Era una pulga tan vaga, tan vaga, tan vaga que cuando salía de paseo esperaba que pasara un perro para no cansarse.

Era un río tan estrecho, tan estrecho, tan estrecho que solo tenia una orilla.

Era un señor que era tan, pero tan, tan... Que se volvió campana

Era un señor tan alto, tan alto, tan alto que en vez de dar el " do de pecho", lo daba "de techo".

Era un señor tan tacaño, tan tacaño, tan tacaño que cuando todo el mundo compraba turrón, él estaba comprando en las rebajas de verano.

Era una señora tan delgada, tan delgada, tan delgada que se comió una oliva y parecía que estuviera embarazada.

Era una sequía tan pertinaz, tan pertinaz, tan pertinaz que los árboles corrían detrás de los perros.

Era un sheriff tan duro, tan duro, tan duro que se ponía la estrella sin camisa.

Era una tía tan fea, tan fea, tan fea que no podía dormir porque cuando venía el sueño lo espantaba

Era un tipo tan agarrado, tan agarrado, pero que tan agarrado que cuando oía la misa por la radio, al pasar la bandeja, la apagaba.

Era un tipo tan borracho, tan borracho, tan borracho que se hizo un análisis de sangre y le dio JB positivo.

Era un tipo tan bruto, tan bruto, tan bruto que cuando llenaba algún formulario y encontraba la frase "no escriba en este espacio" ponía "de acuerdo".

Era un tipo tan bruto, tan bruto, tan bruto que una vez lo invitaron a ver la película de El graduado y llego tarde porque fue a cómprale un regalo.

Era un tipo tan cornudo, tan cornudo, tan cornudo que hasta la muñeca inflable le engañaba con el airbag.

Un tipo era tan delgado, tan delgado, tan delgado que se acostaba sobre el filo de un cuchillo y se tapaba con un hilo.

Era un tipo tan enrollado, tan enrollado, tan enrollado que en vez de poner su granito de arena puso una china de costo.

Este era un tipo tan negativo, tan negativo, tan negativo que un día se desmayó y en lugar de volver en sí volvió en NO.

Era un tipo tan rápido, tan rápido, tan rápido que del flujo vaginal hacía mayonesa.

Era un tipo tan vago, tan vago, tan vago... que llamó a los bomberos para que le apagaran la luz...

Era un tipo tan viejo, tan viejo, tan viejo que en vez de espermatozoides tenia espermatozaurios.

Era tan tonto, tan tonto, tan tonto que para darse vuelta en la cama, se paraba

Era un torero tan malo, tan malo, tan malo que en vez de faenas hacía gamberradas.

Era un tren tan rápido, tan rápido, tan rápido que llegaba al destino antes de partir.

Era una vaca tan flaca, tan flaca, tan flaca que en vez de dar leche, daba pena.

Era tan vago, tan vago, tan vago que iba a cazar caracoles, y se le escapaban de las manos.

Eran dos vecinas que vivían tan cerca, tan cerca, tan cerca que cuando uno pelaba cebollas la otra lloraba.

Era una ventana tan pequeña, tan pequeña, tan pequeña que no entraban ni las moscas.

Era tan viejo, tan viejo, tan viejo que cuando iba al colegio no había clases de historia.

Era un vino tan viejo, tan viejo, tan viejo que hasta la botella tenía arrugas.

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La lechuga Había una vez un tomate con una lechuga cruzando la calle cuando aparece un camión que atropella a la lechuga. Cuando el tomate la fue a ver al hospital el doctor le dijo al tomate:
Lamento comunicarle que su amiga la lechuga, ha quedado en estado vegetal.

Lo atropelló un camión En cierta fiesta había una amenaza de que iban a hacer un atentado. Bien podría ser una bomba o envenenar la comida, se hicieron las respectivas medidas de seguridad inspeccionaron el lugar y no encontraron la bomba, entonces para saber sobre la comida trajeron a un perrito y le dieron un poco de comida y esperaron dos horas y el perro no se murió, entonces todos comenzaron a disfrutar del buffet. De repente entra un niño corriendo, diciendo: ¡Se murió el perro, se murió el perro!
Y todos botaron la comida y la desecharon, y un policía le dice al niño:
¿Cómo así que se murió el perro?
Y el niño contesta:
Sí, lo atropelló un camión.

Maniquíes 

Había una vez un ratero, tan, pero tan tonto que cuando robaba una tienda, se llevaba los maniquíes para no dejar testigos.

Para quitar el hipo Era un hombre, tan feo, tan feo, que lo contrataron para quitar el hipo.

Pepe 

Un día que Pepe caminaba por la calle se encontró a Manolo con dos osos panda bebes bajo los brazos, entonces Pepe le pregunta:
¿Oye Manolo, y qué haces tú con esos osos panda? Pos parecen que no son tuyos.
A lo que éste le contesta:
Bueno Pepe, es que encontré a la madre de estos ositos muerta, y me dio mucha pena dejarlos por ahí solos.
Entonces Pepe le dice:
Mira Manolo y, ¿Por qué no los llevas al zoológico?
Y Manolo los lleva al zoológico. Al día siguiente Pepe se encuentra a Manolo otra vez, y nuevamente andaba con los mismos ositos panda bajo los brazos. Pepe se queda asombrado y le pregunta:
¿Qué? ¿No los llevaste ayer para el zoológico?
A lo que Manolo contesta:
Sí, pos es que hoy los llevo al cine, hombre.

QUE CIRCULE! 

Había una vez una pareja bailando en una fiesta, cuando de repente a la mujer se le escapa un peito. Muerta de vergüenza le dice al caballero:
¡Perdóneme gentil hombre, pero que esto quede entre nosotros!
Pero el hombre agitando las manos dijo:
¡NO, QUE CIRCULE, QUE CIRCULE!

Un chico tan tonto 

Había una vez un chico tan tonto, pero tan tonto, que un día se quedó encerrado en un supermercado y se murió de hambre.

Un hombre tan flaco. Había una vez un hombre tan flaco, pero tan flaco, que limpiaba mangueras por dentro.

Había una vez una mujer tan gorda, pero tan gorda, que cuando se ponía tacones sacaba petróleo.

Había una mujer tan gorda, pero tan gorda, que cuando se caía de la cama, se caía de los dos lados.

Había un hombre tan feo, pero tan feo, que cuando picaba cebolla hacía llorar a la cebolla.

Había una mujer tan gorda, pero tan gorda, que cuando se pesaba, la balanza decía: Continuará...

Un hombre tan pequeño 

Era un hombre tan pequeño que se subió encima de una canica y dijo:
¡El mundo es mío!

Un pastusito 

A un pastusito le atropella un bus, y en eso toda la gente se aglomera alrededor de él, y el pastusito delirando dice:
Inclíneme, inclíneme.
Y la gente lo inclinaba, pero el pastusito seguía gritando:
Inclíneme, inclíneme.
La gente ya no sabía cómo ponerlo, y el pastusito dice:
Si no hay una clínica, hospitalíceme.

Un perro tan inteligente Había una vez un perro tan inteligente, tan inteligente, que cuando le gritaban:
!Ataque!, el perro se tiraba al suelo y le daban convulsiones.

Un señor tan flojo Había una vez un señor tan flojo, tan flojo, que soñó que estaba trabajando y amaneció cansado.

Una ciudad tan seca Había una vez una ciudad tan seca, pero tan seca, que las vacas daban leche en polvo.

Una corazonada Era una vez un hombre tan, pero tan optimista, que cuando le dio un infarto dijo que era una corazonada.

Una mujer tan, tan gorda Había una mujer tan, tan gorda, que para darle el abrazo de año nuevo tenían que empezar desde septiembre.

Carta de amor 

Había una vez un niño que estaba escribiendo una carta de amor que decía así:
María, en el desayuno no como, porque pienso en ti.
María, al almuerzo no como, porque pienso en ti.
María, en la cena no meriendo, porque pienso en ti.
María, en la noche no duermo, porque estoy muerto de hambre.

El timbre 

Había una vez una señora que llama a un electricista y le dice:
Señor, ¿Podría usted venir a arreglar el timbre de mi casa?
El señor responde:
Claro señora, deme su dirección, señora en este momento voy saliendo para allá.
Pasa una hora y media y el señor nada que llega, entonces la señora decide llamar al hombre por el celular. Suena el celular y el señor responde:
Buenas tardes, ¿Que desea?
Y la señora le dice al señor:
¿Piensa usted venir? (con tono irónico)
El señor responde:
Señora, si tengo una hora tocando el timbre y usted no me abre.

En metro Había una vez un hombre tan pequeño, tan pequeño, que en vez de viajar en metro, viajaba en centímetro.

 

 

 


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