Difunto. Proviene del latín defunctus, formada por el prefijo de- con functus, el participio pasivo del verbo fungi (cumplir, acabar, pagar una deuda). El significado originario de defunctus no estaba vinculado con la idea de la muerte, sino que se aplicaba, como adjetivo, a la persona que había saldado alguna cuenta o cumplido con alguna obligación.

Satélite. El vocablo español proviene del latín satelles, satellitis, usado por los romanos para designar a los soldados de la escolta personal de un príncipe o emperador. Posteriormente, por una bella metáfora, la palabra pasó a designar, aún en latín, a los cuerpos celestes que orbitan en torno de algunos planetas.

Absurdo. Proviene de absurdus, palabra con la que los latinos calificaban todo aquello que fuera ‘contrario a la razón, disparatado o irracional’. Este vocablo, que era usado en alto latín para designar los sonidos desagradables al oído, se formó mediante la partícula ab (de), y el adjetivo surdus (sordo).

 

minuto
El adjetivo latino minutus (pequeño) procede del verbo minuere (mermar, reducir), con origen en el indoeuropeo mei- (pequeño), al igual que disminuido, menor, menos, mínimo, minucia, etc.

En latín medieval al minuto se lo denominó minuta, palabra clave extraída de ‘pars minuta prima’ (primera parte pequeña), así llamado originalmente. En español, derivó a minuto, y como tal se documenta desde el siglo xv. 

Algo parecido ha ocurrido con la palabra segundo: del indoeuropeo sek- (seguir) procede el latín sequire, con idéntico significado, y de éste el también latín secundus (que sigue a otro, segundo). En latín medieval se llamó secunda, extraído de pars minuta secunda (segunda parte pequeña), que es como en principio se denominaba cada una de las partes en que se dividía una minuta.

fósforo
Elemento químico muy abundante en la tierra, de número atómico 15, o también varilla muy pequeña de madera o de papel encerado, con un extremo recubierto de fósforo o de otra sustancia susceptible de encenderse por frotación.

Por su etimología, fósforo significa ‘luz brillante’, proviene del latín phosphorus, que a su vez se originó en el griego phosphoros, formada de phos (luz) y del sufijo phoros (portador). Es el elemento número 15 de la tabla periódica; arde espontáneamente en contacto con el aire; fue aislado por primera vez en 1669 por el químico alemán Hennig Brand; entre las sustancias químicas, ocupa el décimo segundo lugar en abundancia sobre la corteza terrestre.

El nombre del fósforo adquirió un nuevo significado merced al químico británico John Walker, quien descubrió un compuesto que ardía al ser frotado contra ciertas superficies. Había nacido la cerilla, puesta en venta por Walker el 7 de abril de 1827; conocida también como fósforo. Inicialmente fue un artificio peligroso, pues soltaba chispas que solían lastimar a la gente o chamuscar su ropa, hasta que en 1832, el austríaco J. Siegal logró fabricar los primeros fósforos o cerillas de fricción.

Los fósforos actuales se fabrican con sulfato de antimonio, sulfuros y agentes oxidantes tales como clorato de potasio. El nombre de cerilla, que se les da en algunos países,proviene de la cera que se usa en su soporte. 

La raíz griega phos, photos aparece también en palabras como fotografía, fotón y muchas otras que de alguna manera se originaron en la idea de luz

anatomía
La Anatomía es la ciencia que estudia la constitución y el desarrollo de los seres organizados. Su nombre proviene del griego, compuesto por el adverbio ana- (arriba) y tomé (corte, incisión), que a su vez se deriva del verbo témnein (cortar), con ambas palabras se formó anatémnein, con el significado de ‘cortar de arriba abajo’ y también ‘disecar’ (en Aristóteles). El origen del verbo griego témnein se encuentra en el indoeuropeo tem- (cortar), de donde también proceden voces como átomo, dicotomía, tonsura.

Esta palabra aparece en latín como anatomia en trabajos del médico Celio Aureliano, que vivió en Numidia en el siglo v después de Cristo, aunque otras versiones indican tres siglos antes. Celio Aureliano tradujo varias obras griegas de medicina y escribió De morbis acutis et cronicis (Sobre las enfermedades agudas y crónicas), que trata acerca de ‘preceptos de salud’ y sobre las patologías de las enfermedades internas.

Témnein permanece también en español en el sufijo -tomía, con el significado de incisión quirúrgica, como en apendicetomía o en laringotomía.

Anatomíaaparece por primera vez en nuestra lengua en 1325 (Juan Manuel); en francés, en el siglo xiv, como anatomie; y en inglés, en el siglo xvi, como anatomy.

En 1611, Sebastián de Covarrubias definió así anatomía:

Descarnadura y abertura que se haze de un cuerpo humano para considerar sus partes interiores y su compostura; cosa necessaríssima á los médicos y cirujanos, y assí en las universidades ay cátredas desta facultad y se executa algunas vezes en los cuerpos de los ajusticiados y otras en los que mueren en los hospitales y en algunas otras personas particulares.

Durante la Edad Media, el estudio de los cadáveres estaba prohibido por la Iglesia y quienes osaran abrir un cuerpo podían ser acusados de brujería, por lo que el conocimiento del cuerpo humano se basaba en las enseñanzas de Aristóteles. Se cuenta que en cierta ocasión el médico flamenco Andreas Vesalius (1514-1564), considerado el padre de la anatomía moderna, después de disecar un cadáver comentó probablemente con sorna: Si Aristóteles no hubiera dicho que los nervios salen del corazón, creería que salen del cerebro, que es lo que acabo de ver.

electricidad
El filósofo griego Tales de Mileto, que vivió hacia el año 600 antes de Cristo, ya había advertido que el ámbar, una sustancia resinosa amarillenta, al ser frotado, principalmente con pieles de animales, adquiría la extraña propiedad de atraer objetos ligeros, como plumas u otros pequeños cuerpos. Los griegos no sabían cómo explicar este fenómeno, que quedó registrado entonces como un comportamiento curioso del elektron, comollamaban al ámbar.

La palabra fue heredada por los romanos, quienes llamaron electrum al ámbar, pero las causas de su propiedad de atraer algunos pequeños cuerpos continuaron ignoradas hasta fines del siglo xvi, cuando en pleno Renacimiento el médico inglés William Gilbert (1544-1603) publicó su trabajo De magnete, en el que aventuraba las primeras hipótesis sobre aquella misteriosa propiedad del ámbar. Debemos tener en cuenta que por entonces no se conocía la estructura del átomo ni la existencia de los electrones, y que la única propiedad conocida (aunque no explicada) de la electricidad era la que se verificaba con el ámbar.En 1646, otro médico inglés, sir Thomas Browne, escribió un tratado en latín sobre el mismo fenómeno, titulado Pseudodoxia epidemica, más conocido como Errores vulgares.

En 1740, el científico estadounidense Benjamin Franklin (1706-1790) realizó experimentos con un barrilete en una tormenta y por este camino abordó la electricidad desde otro punto de vista, hasta que se descubrió que el comportamiento de rayos y truenos estaba vinculado de alguna forma con las propiedades del ámbar, por lo que todos estos fenómenos fueron englobados bajo el nombre genérico de electricidad.

Los investigadores ya empezaban a sospechar que aquellas sorprendentes propiedades de la materia podrían llegar a constituir una fuente de energía, pero todavía estaban lejos de concebir hasta qué punto aquella fuerza desconocida sería un día importante para la Humanidad.

desastre
La antigua creencia en que las posiciones relativas de los astros y estrellas tienen alguna influencia sobre la vida de las personas dio lugar al surgimiento de numerosas palabras referentes a ideas sobre la suerte o el azar, como desastre, procedente del provenzal antiguo desastre, que significaba ‘desgracia’, y provenía del italiano disastro, con el mismo significado. El provenzal tiene también otro término, malastre, para referirse a un hecho infortunado causado por la mala influencia de los astros.

La palabra aparece registrada por primera vez en nuestra lengua en 1444, en el Laberinto de Fortuna, de Juan de Mena (1411-1456).

insulina
Esta sustancia, aislada por primera vez en 1921, tomó su nombre del latín insula (isla), porque es segregada por los llamados ‘islotes de Langerhans’, que son pedazos aislados de tejido endócrino situados en el páncreas. Estos islotes son de cuatro tipos: alfa, beta, delta y células C. Los islotes de células beta, que son los más numerosos, producen la insulina, cuya presencia es fundamental para regular la cantidad de azúcar que circula en la sangre y cuya falta ocasiona la diabetes* mellitus.

Los islotes de Langerhans fueron descritos por primera vez en 1869 por el médico alemán Paul Langerhans (1847-1888), quien contaba entonces con 22 años.

bachiller
En las ceremonias de graduación de las primeras universidades europeas, en la baja Edad Media, los graduandos ceñían sus sienes con una corona de laureles adornada con bayas.
El nombre de esta fruta llegó al español proveniente del francés *baie* y éste, del latín *baca*, mientras que *laurel* se derivó del latín *laurus*. A partir de *baca* y *laurus* se formó en bajo latín *bacalarius*, palabra que se usaba allá por el siglo IX para designar a los graduados.
En Francia, éstos eran llamados *bachelor* en la Canción de Rolando (1080) y, posteriormente, *bachelier* (bachiller), mientras que el título que ostentaban se llamaba *baccalauréat*, que llegó a nuestra lengua como *bachillerato*.

gol
Esta palabra, tal vez la más universal en el mundo del fútbol, proviene del vocablo inglés goal, que significa meta u objetivo, con origen en el inglés medieval gol (límite). Los ingleses, que crearon este deporte en la segunda mitad del siglo xix, llamaron goal al arco del fútbol, goalkeeper (guardavalla o guardameta) al portero y goal line a la línea de gol.

Sin embargo, por extensión, también se llamó goal -y en nuestra lengua, gol- al acto de introducir la pelota en la valla adversaria. Así, las palabras españolas como meta, arco, valla yportería se usan indistintamente para designar el lugar que, entre tres maderos, es cuidado por el portero, mientras que gol se reserva más bien para el acto de vencer al guardameta introduciendo el balón en ese espacio de 7,32 m de largo por 2,44 m de alto. 

parlamento
Surgido en Inglaterra para contrabalancear el poder de los reyes, el Parlamento llegó a reducir la monarquía a su carácter de instancia meramente simbólica en aquellos lugares de Europa donde todavía existe. El Parlamento constituye hoy uno de los tres Poderes del Estado moderno, el Legislativo, alrededor del cual se organiza el Estado en los regímenes parlamentarios. Unicameral o bicameral, llamado Congreso en algunos países, el Parlamento contiene en la democracia la esencia de la representatividad, por albergar en su seno representantes de todos los sectores importantes de la sociedad.

En la Antigüedad, hubo cuerpos colectivos que guardaban algunas semejanzas con los Parlamentos contemporáneos, desde el viejo Areópago de la Atenas aristocrática hasta la Bulé de los Cuatrocientos, más tarde convertida en Bulé de los Quinientos para conferirle mayor representatividad.

El nombre de estos cuerpos surgidos en la Época Moderna proviene del francés antiguo parlement, que inicialmente significó consulta o conferencia, y luego pasó a ser un ‘cuerpo consultivo’ y más tarde ‘órgano legislativo’.

Parlement provenía de parler (hablar), que a su vez se derivaba del latín parabolare (conversar), vocablo del cual provienen también parábola* y palabra*. 

mula
Actualmente se refiere al animal híbrido, generado por la cruza de las especies de caballo y burro, pero la palabra tiene una larga historia. En nuestra lengua, así como en latín mula, en francés antiguo mul y en inglés clásico mul, tenía el mismo significado de híbrido, es decir, aludía a cualquier animal o vegetal obtenido por cruza entre especies diferentes. En España en el siglo xv, mula ya designaba a la persona tonta o muy terca. 

En el siglo xvi, el biólogo inglés Ben Jonson utilizó esta palabra para describir a alguien que no tuviera sexo definido. Pero hacia el siglo xviii, recuperó su sentido original de 1.500 años antes y volvió a designar a todos los híbridos, animales y vegetales. Aún hoy, los ornitólogos la usan para referirse a ciertas cruzas de aves.

Por analogía con la cruza de especies animales, Quevedo y Garcilaso el Inca fueron de los primeros en usar la palabra mulato, para referirse al mestizaje en la raza humana. Inicialmente se aplicó a la cruza entre europeos y moros, pero Garcilaso ya llamaba mulatos a los descendientes de negro e indio, autores franceses llamaron mulâtre a la mezcla de franceses e indias y finalmente la palabra quedó reservada en portugués y en español exclusivamente para los hijos de negros con blancos.

contrabando
Entre los francos, ban era la denominación genérica de las numerosas prohibiciones que regían a ese pueblo. La palabra se mantuvo en el francés y e influyó asimismo en la formación del vocablo italiano bando, con el sentido de 'edicto dado a conocer en forma pública y solemne'.

Fue del italiano que bando llegó a Castilla con el mismo significado. Uno de estos edictos o bandos establecía severas penas para los que trajeran mercancías del exterior sin pagar los impuestos debidos a la Corona. Hacerlo era contrariar el bando real, o sea, cometer el delito de contrabando, como anotaba en 1611 Sebastián de Covarrubias, en su Tesoro de la lengua castellana.

gesto
Según la primera acepción del Diccionario, gesto es un "movimiento del rostro, de las manos o de otras partes del cuerpo con que se expresan diversos afectos del ánimo". La palabra proviene del latín gestus, participio pasivo de gerere, verbo que tenía varios significados, tales como llevar, traer, hacer, administrar.

El verbo gerere dio lugar a numerosas palabras de nuestra lengua con los significados más variados. 

Cuando la sangre concurre en gran volumen hacia una vaso o hacia un órgano, se aplica a gerere el prefijo latino con- (juntos) y se forma la palabra latina congestio, que dio lugar a congestión, palabra que hoy utilizamos también para referirnos a la concurrencia de un gran número de vehículos hacia un punto de la ciudad.

Cuando llevamos los alimentos o bebidas hacia dentro del organismo, nos valemos del prefijo in- para formar ingestio, que dio lugar en nuestra lengua a ingestión.

Cuando los alimentos que hemos ingerido son distribuidos hacia varias partes del organismo, aplicamos el prefijo di(s)- para formar digestio, que daría lugar en nuestra lengua a digestión.

En ciertas ocasiones, podemos inducir a alguien a hacer algo pero, si no podemos o no queremos ordenar que lo haga, tal vez nos limitemos a sugerir. En este caso, estaremos aplicando el prefijo sub- para indicar que no estamos ‘llevando’ a esa persona a hacer algo sino apenas intentando convencerla de que lo haga.

El gerundio de gerere es gerens, gerentis (el que hace, el que ejecuta), que dio lugar en castellano a gerente.

magdalena
Santa María Magdalena fue liberada por Jesús de siete demonios y luego lloró amargamente arrepentida de sus pecados, según los relatos evangélicos. Su segundo nombre, Magdalena, hace referencia a su lugar de nacimiento: Magdala, hoy Tariquea; una aldea de pescadores en la ribera occidental del mar de Galilea, 5 km al norte de la ciudad de Tiberíades. Siguió a Jesús hasta la crucifixión y, según los Evangelios de Marcos y de Juan, fue la primera persona que lo vio resucitado.Se la suele representar con expresión de arrepentimiento y el rostro cubierto de lágrimas.

El bizcocho magdalena fue creado por la cocinera francesa Madelaine Paumier, quien, según el Diccionario de la Real Academia, habría bautizado a su creación culinaria con su propio nombre. Sin embargo, Corominas atribuyeel nombre del bizcocho a una alusión a las lágrimas de María Magdalena, pues cuando es mojado en leche ‘llora como la santa arrepentida’.

silueta
Cuidar la silueta suele ser una preocupación muy frecuente en las mujeres que temen aumentar de peso y perder elegancia. Algunos vestidos son diseñados en forma de realzar la belleza de la silueta femenina, entendida como los contornos del cuerpo.

De un modo más genérico, silueta es un dibujo de la sombra de un objeto, o sea, de su contorno, sin tener en cuenta los detalles de ese objeto.

La palabra proviene del francés silhouette,y fue tomado del nombre de un austero ministro de Hacienda de Francia del gobierno de Luis XV, Étienne de Silhouette (1709-1767), quien llegó al cargo en marzo de 1759 por recomendación de Madame Pompadour y que tenía la afición de recortar en papel retratos de siluetas. Silhouette se granjeó al mismo tiempo la animadversión de la nobleza y de la pequeña burguesía, perjudicadas por sus medidas, con lo que su impopularidad muy pronto se generalizó en toda Francia al punto en que en noviembre del mismo año se vio obligado a renunciar. 

Pero la afición del ministro de recortar dibujos de contornos, que los cortesanos llamaban con desprecio portraits à la Silhouette (retratos al estilo Silhouette), se había hecho famosa y contaba con una popularidad mucho mayor que la del alto funcionario nombrado por la favorita del rey.

En 1788, silhouette ya aparecía en francés para designar dibujos de contornos, y en 1835 la palabra era admitida por la Academia Francesa. Pero fue Chateaubriand quien en 1841 usó por primera vez silhouette para referirse específicamente a los contornos de cuerpos humanos.

Silueta apareció por primera vez en el Diccionario de la Real Academia en su edición de 1869, y ya en 1864 era usada por el poeta sevillano Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870), en Desde mi celda:

Absorto en estos pensamientos, doblo el periódico y me dirijo a mi habitación. Cruzo la sombría calle de árboles y llego a la primera cerca del monasterio, cuya dentellada silueta destaca por oscuro sobre el cielo, en un todo semejante a la de un castillo feudal.

catástrofe
El Diccionario de la Real Academia define esta palabra como «suceso infausto que altera gravemente el orden regular de las cosas» o como una «cosa de mala calidad o que resulta mal, produce mala impresión, está mal hecha, etc.» y también como la «última parte del poema dramático, con el desenlace, especialmente cuando éste es doloroso». 

En las guerras y tragedias del siglo xxi, suele hablarse de ‘catástrofes humanitarias’, como si una catástrofe pudiera referirse al ‘bien del género humano’, ser ‘benigna, caritativa o benéfica’ o ‘aliviar los efectos de la guerra o calamidades’, que es lo que significa ‘humanitario’.

Catástrofe proviene del latín catastropha y ésta del griego katastrophé, que significaba convulsión, tumulto y, en el caso de una obra dramática, su desenlace. Katastrophé se formaba con el prefijo katá- (hacia abajo) y el verbo strephein (dar vuelta).

En las lenguas modernas, catástrofe se utilizó inicialmente en sentido geológico para expresar las consecuencias de la acción de los terremotos, pero más tarde se extendió a las transformaciones súbitas de cualquier naturaleza, con una connotación de calamidad o tragedia.

tango
El nombre del ritmo más popular del Río de la Plata está registrado en nuestra lengua desde 1837, registrado por el etimólogo cubano Esteban Prichardo, y todo parece indicar que su origen es africano, nacido en alguna de las lenguas llevadas a América por los esclavos. Sin embargo, debemos tener presente que ese tango primigenio poco tiene que ver con la música típica rioplatense inmortalizada por Carlos Gardel y Gerardo Mattos Rodrígues.

En efecto, en su Nuevo diccionario lunfardo, José Gobello recuerda que hacia la primera mitad del siglo xix se llamó tango a las reuniones de negros que bailaban al son de sus tambores. Para este autor, tango se origina en la primera persona del singular del presente de indicativo del verbo portugués tanger, que significa 'tocar un instrumento musical'.

Sin embargo, el musicólogo brasileño Nei Lopes cree que el nombre de este ritmo provendría más bien de tangu, que en la lengua africana quimbundo designa un movimiento de la pierna en algunos tipos de baile, mientras que otros autores señalan la lengua sudanesa ibibio, en la cual se llama tamgu a una danza con tambores.

Corominas se adhiere a la hipótesis del origen africano, pero recuerda 'cierta danza llamada tangue que aparece en el siglo XVI en Normandía', aunque él mismo admite que se trata de un vocablo de formación independiente.

Como ocurrió con otras palabras de origen africano, es posible que tango haya entrado a Cuba y a Sudamérica en forma separada, aunque con el mismo origen. El 'tanguillo' que hizo furor en Andalucía hacia la segunda mitad del siglo xix parece haber llegado desde Cuba, país con que el que esta región de España mantuvo siempre intenso intercambio cultural. Pero fue sólo en las postrimerías del siglo XIX que que el ritmo sensual de esta música suburbana empezó a hacerse oír en los arrabales de Montevideo y Buenos Aires.

cacao
Antes del Descubrimiento de América, el cacao -una planta que produce una almendra amarga y aromática- era cultivado por los aztecas, que en su lengua náhuatl le daban el nombre de kakawa, la forma radical de kakawatl (grano de la planta), que pasó al español como cacao.

En las lenguas modernas, la palabra fue tomada del español y en el siglo xvi pasó sin cambios al italiano, francés e inglés; al portugués, como cacau; y al alemán, como Kakao.

Los aztecas maceraban las almendras y las mezclaban con ají rojo, harina de maíz y ceiba (en náhuatl, pochotl),obteniendo un refresco que llamaban pochokakawatl, nombre que los conquistadores adaptaron como chocolate. Hernán Cortés quedó fascinado con este producto, al que los conquistadores añadían miel, vainilla y canela. Cortés llevó el producto a España, donde se lo presentó al emperador Carlos I (Carlos V de Alemania). A partir de entonces el hábito de beber chocolate se extendió por Europa, generando una fuerte demanda de cacao, que llevó, entre los siglos xvi y xvii, a establecer plantaciones en Brasil, en varias islas antillanas y hasta en las Filipinas.

dromedario
Proviene del latín dromedarius y éste del griego dromas (el que corre). El dromedario es, pues, etimológicamente, un ‘camello corredor’.

Con frecuencia este animal, que tiene una sola giba adiposa, es confundido con el camello, que tiene dos; así ocurre, por ejemplo, en los paquetes de cigarrillos Camel, donde, a pesar del nombre de este tabaco, la imagen que aparece es la de un dromedario con su única joroba.

La partícula dromas participa también como sufijo en palabras que designan lugares donde se corre, como velódromo, hipódromo, autódromo, rocódromo, canódromo, etc. Y también pródromo, que significa ‘el que va delante, el precedente’, que en medicina se usa para designar el conjunto de síntomas que preceden a la crisis aguda de una enfermedad.

chicle
Pastilla aromática de sabor dulce y aromas diversos, de consistencia semejante a la goma. Su nombre proviene de tzíctli (derivado del verbo tzic-, estar pegado, detenido, en lengua náhuatl), término usado por los aztecas para denominar la resina que extraían del chicozapote, cuyo nombre botánico es Manilkara zapota -en náhuatl: tziclizapótl-, una sapotácea de hasta cuarenta metros de altura y que puede alcanzar más de un metro de diámetro. Para extraer el material, hacían un corte en la corteza y retiraban la resina, que luego se hervía y, al secar, se convertía en una masa gomosa pardusca que utilizaban para la higiene bucal y como digestivo, además de un presumible placer oral. 

En diversas épocas, otros pueblos utilizaron diferentes materiales con propósitos semejantes: los griegos, resina de lentisco; los esquimales, pieles de animales; los chinos, raíces de ginseng; y los occidentales de la Época Moderna, hojas de tabaco.

Los mexicanos castellanizaron el nombre como chicle, nombre que se hizo universal cuando su uso se expandió a todo el mundo en forma de producto industrial elaborado con parafina, edulcorantes, colorantes y conservantes. El chicle industrial es un producto de diversos sabores y colores, de alto y extenso consumo en casi todo el mundo.

En La tía Julia y el escribidor (1977), de Mario Vargas Llosa, podemos leer:

Eran blandos, perezosos, amantes de actividades estériles (como el chicle y el fútbol) y no habían manifestado el menor entusiasmo al explicarles don Federico el futuro que les reservaba.

bikini
En julio de 1946, poco después del fin de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos decidió proseguir con sus experimentos con bombas atómicas en un minúsculo atolón de las Islas Marshall llamado Bikini, que desde entonces permanece inhabitable debido a sus peligrosos niveles de radiación.

El mundo estaba conmovido con la todavía reciente destrucción atómica de Hiroshima, el 6 de agosto de 1945, y Nagasaki, tres días después, con un balance de unos 240 000 muertos, por lo que las nuevas experiencias nucleares dieron mucho que hablar y el atolón de Bikini se tornó conocido en el mundo entero.

En 1947, cuando el ingeniero francés Louis Réard creó un traje de baño femenino de dos piezas, el escándalo que estalló en el mundo ante tamaña osadía fue de dimensiones atómicas, al punto que el creador no encontró ninguna modelo (en la época, maniquí*), que estuviera dispuesta a dejarse fotografiar vistiendo la escueta novedad, por lo que tuvo que contratar una bailarina de cabaré para poder mostrar su modelo al que llamó bikini.

dólar
Hasta fines del siglo pasado, la divisa estadounidense era llamada en castellano por su nombre inglés, dollar, pero a partir de aquella época se fue haciendo cada vez más común la grafía actual, en un proceso que llevó las primeras décadas de este siglo. 

El origen del nombre del dólar tenemos que buscarlo en una curiosa historia que comenzó en la región de Bohemia, en la actual República Checa, en 1516, cuando los mineros del valle de Jochimstahl descubrieron un rico venero de plata. El gobernador de la región, el conde Hieronymus Schlick, en vez de procesar el metal y venderlo, decidió acuñar monedas a las que bautizó como groschen, designación a la que los mercaderes no tardaron en agregar el nombre del valle donde estaba la mina, con lo que pasaron a llamarse joachimsthalergroschen. ¿Le parece un nombre demasiado largo? Los usuarios de aquella época pensaron lo mismo, por lo que las monedas acabaron haciéndose más conocidas como talergroschen y luego simplemente como talers. 

En función de la compleja trama de relaciones políticas y comerciales que se había tejido desde el apogeo del Sacro Imperio Romano Germánico, el taler se difundió por Europa, dando su nombre a otras divisas de la época, como el tallero italiano, el daalder holandés, el daler sueco y danés y, en Escocia e Inglaterra, el dollar. Hasta que Estados Unidos hubo creado su propia moneda, el taler más famoso era el que la emperatriz María Theresa de Austria acuñó en el siglo xviii. Después de que Napoleón aboliera el Sacro Imperio, el imperio austro-húngaro siguió acuñando el taler hasta su caída, en la Primera Guerra Mundial. Y la nueva República Austríaca también siguió fabricando los talers de María Theresa hasta que Hitler tomó el país, en 1937. Pero por entonces la moneda que dominaba el mundo ya era, como hoy, el dólar estadounidense.

tumba
Lugar donde está enterrado un cadáver. Armazón en forma de ataúd que se coloca sobre el túmulo o en el suelo, para la celebración de las honras a un difunto.

La raíz indoeuropea tum‘ expresaba el concepto de ‘bulto’ y evolucionó con ese sentido hacia varias palabras latinas, tales como tumor, que llegó intacta al español, y tumefacere, con el significado de ‘hinchar’ o ‘hincharse’. Esta última se mantuvo en nuestra lengua en palabras como tumefacción, entumecer ytumor. Fernando Navarro señala también contumaz, que inicialmente significaba ‘obstinado’, y también ‘hinchado de orgullo’.

La idea de ‘bulto’ se expresa en latín mediante la palabra tumulus, que designaba el montículo de tierra con que antiguamente se solía cubrir las sepulturas. La raíz indoeuropea tum‘había sido recogida también por los griegos, que llamaron a ese montículo tymbos, palabra que llegó al latín tardío como tumba y se mantuvo en nuestra lengua sin variaciones con el significado de ‘sepulcro’.

pupila
Abertura circular de color oscuro en el centro del iris del ojo, que permite el paso de la luz que va a impresionar la retina. Niña del ojo. 

La pupila o niña del ojo es nuestra ventana al mundo, nuestro principal contacto con la vida y con los demás seres; tal vez sea esa la razón por la cual tendemos a identificarla con figuras humanas, como ocurre en español cuando hablamos de ‘la niña del ojo’,o tal vez se deba a que estamos acostumbrados a ver nuestra imagen reflejada en las pupilas de las personas cercanas. Lo cierto es que en hebreo la pupila se llama eshon ayin (hombrecillo del ojo) pero, sin ir tan lejos, en inglés pupil significa tanto ‘alumno’ como ‘pupila’ y tiene el mismo origen que puppet, ‘muñeca’. Este parentesco se repite en portugués, idioma en el cual la pupila se llama también menina do olho. 

La palabra proviene del latín pupila, diminutivo de pupa, que en esa lengua significa tanto ‘muñeca’ como ‘niña’. Esta curiosa metáfora se repite también en griego clásico, lengua en la cual kore significaba al mismo tiempo ‘muñeca’, ‘niña’ y ‘pupila’. Fernando Navarro, en su libro Parentescos insólitos del lenguaje, nos recuerda que la voz griega llegó hasta nosotros en palabras del lenguaje médico, como coreoplastia (cirugía plástica de la pupila) o isocoria(igualdad de tamaño de ambas pupilas).

siesta
Palabra derivada del latín sex (seis): los romanos contaban las horas a partir de la salida del sol, de modo que al mediodía era aproximadamente la hora sexta, cuando el calor era más acentuado, por lo que se llamó sexta en latín ibérico, y más tarde siesta, al tiempo en que se almuerza y se echa luego un breve sueño antes de continuar las actividades vespertinas. 

Según el Tesoro de la lengua castellana (1611),de Covarrubias, la siesta es el tiempo que transcurre entre el mediodía y las dos de la tarde. El mismo Diccionario define sestear como Reposar a la sombra en la hora de sexta, que es la del medio dia.En los escritos del siglo xiii, figuran los términos sexta y sesta para indicar bien esa hora o bien el ordinal del número seis, pero a siesta, que también es usado,se le da el significado actual.

bono
Los gobiernos financian los déficits públicos creando deudas mediante la venta a los inversionistas de papeles de deuda o títulos por los que pagan determinada tasa de interés y que pueden ser rescatados después de un cierto plazo. Estos títulos de la deuda pública se llaman también bonos, palabra que proviene del adjetivo bono (bueno) del español antiguo, que a su vez se derivó del latín bonus (con el mismo significado).

En el bajo latín hablado en la Edad Media surgió el verbo abonare, que significaba "mejorar las condiciones de vida de los vasallos, limitando el poder de los señores feudales". Este verbo se mantuvo en el español con un sentido algo diferente, pues se aplicó a mejorar las condiciones de la tierra, tornándola más productiva mediante la incorporación de sustancias que hoy llamamos fertilizantes, pero que en aquella época se denominaban abonos.

La misma idea de bondad está presente hoy en abonar con el sentido contemporáneo de pagar alguna cuenta (la bondad es, claro, desde el punto de vista de quien cobra).

Luna
El nombre de nuestro satélite nos viene del latín luna. Muchas palabras de nuestra lengua derivan del nombre del astro, que los griegos llamaban
Selene. Así, lunar es el nombre de una mancha oscura y más o menos redonda en la piel; aunque no se sabe con certeza si se llamó así porque su redondez recordaba la de la luna o porque se creía que el lunar era causado por la influencia del astro sobre el niño en el seno de su madre. Esta segunda hipótesis parece ser la preferida por Corominas, quien cita un pasaje de Suetonio en el que se dice que Augusto nació con varias manchas sobre el cuerpo en la forma, orden y número de las estrellas de la Osa Mayor y señala que sobre esta base puede haberse asentado la creencia del influjo de la luna sobre la aparición de los lunares.

No se detienen allí las creencias acerca del efecto de la luna sobre los hombres: lunático es el que padece locura no permanente, sino por intervalos, como las fases de la luna. Y no olvidemos la luneta, el pequeño cristal redondo que es la parte principal de los anteojos y también la platea del teatro, que tiene forma de media luna. Ni el lunarejo, el animal que es así llamado porque tiene en su pelaje manchas que recuerdan lunares. Ni el lunes, el primer día de la semana, que tomó su nombre del latín dies lunae (día consagrado a la Luna).

sarraceno
Es el nombre de los habitantes del desierto, referido al Sahara, y se aplica también a quienes practican la religión islámica. La palabra usada en español, antes sarracín o sarracino, proviene del bajo latín sarraceni, que a su vez se deriva del griego tardío sarakenos, que es de origen desconocido, probablemente semítico. Etimólogos sajones vinculan sarakenos al árabe moderno sawariqa, plural de sariqí (oriental, levantino, del Este); Corominas poco se ocupa de este término;la Real Academia Española afirma en su Diccionario que la voz latina proviene del arameo rabínico sarq[iy]in, que significa ‘habitantes del desierto’, derivado de sraq (desierto), mientras otros afirman que su origen radica en el árabe sarq (Este, lugar de salida del sol), con origen en el indoeuropeo srq, de idéntico significado.

En tiempos de las Cruzadas, ‘sarracenos’ o ‘sarracines’ eran los moros del Levante, que guerreaban contra los cristianos y eran enemigos, por tanto, de los cristianos españoles. Por esa razón, en la literatura ibérica los sarracenos aparecen endemoniados por su crueldad, como vemos en esta traducción relativamente moderna (1549) de Orlando el Furioso:


Dejemos, señor, esto, que es pesado 

hablar de ira y contar de muerte: 

y baste por ahora lo narrado 

del sarracín, no menos cruel que fuerte; 

que es tiempo de tornar donde dejado 

hube en Damasco al buen Grifón por suerte, 

con la traidora Orígil de la mano 

y aquel que era su adúltero y no hermano.



elefante
Animal de tamaño impresionante (los de la especie africana llegan a medir hasta cuatro metros de altura), inteligente, cariñoso, dotado de una trompa llamativa, sería de pensar que el elefante obtendría su nombre de alguna de estas cualidades, pero fue de sus colmillos de marfil de donde surgió la palabra por la cual es conocido. Los griegos llamaron a estos animales elephas, término que inicialmente significó marfil, como podemos constatar en chryselephantine, de donde proviene nuestro criselefantino (pieza escultórica hecha de oro y marfil). La palabra fue heredada por los latinos como elephas -antis; pero en la Edad Media se deformó en latín, en inglés y en francés a olifantus.

El desconocimiento de este animal era tal en los países europeos que en inglés antiguo se llamó olfend al camello... ¡por confundirlo con el elefante!

En español la palabra aparece con su forma actual desde mediados del siglo xiii:

Mas los romanos non pudieron entrar en las azes de los de asdrubal por los elefantes que les espantauan los cauallos. e por esso ouieron su acuerdo e buscaron manera de que se pudiessen luego ayudar (Alfonso X el Sabio Estoria de España I).

En inglés, la forma original elephant sólo volvió a prevalecer a partir del siglo xiv, y hasta comienzos del siglo xviii fue usada para designar también al marfil.

En español se usa la expresión ‘elefante blanco’, tomada del inglés, para referirse a un bien cuyo mantenimiento cuesta tanto dinero que en poco tiempo se torna insostenible. Esta expresión nació de la costumbre de los reyes de Siam de regalar elefantes blancos a los cortesanos que les desagradaban. Como éstos no podían deshacerse de un regalo del rey, acababan arruinados por el costo de su mantenimiento.


real
Real era el nombre de la moneda de plata equivalente a la octava parte de un peso fuerte, creada en 1497 por Fernando de Aragón e Isabel de Castilla como divisa del reino unificado de España.
Durante su reinado, tras el Descubrimiento de América y la expulsión de los moros de Granada, los Reyes Católicos originaron una vigorosa expansión del reino español que se extendió por el norte del África y alcanzó a parte de Italia, convirtiéndose así en el primer gran imperio de los tiempos modernos. El real creció junto con el reino, y las fabulosas riquezas que muy pronto empezaron a llegar desde México y el Perú fortalecieron considerablemente a la moneda española, cuyo nombre fue usado más tarde para designar las divisas de Omán y Yemen, llamadas rial, como asimismo el riyal, nombre de las divisas de Arabia Saudí y Qatar y, en tiempos más recientes, el real brasileño, creado en 1994. 
Etimológicamente, el nombre de la moneda proviene del latín regalis, que significa ‘real’, ‘regio’, ‘digno de un rey’.
Pocos años después del surgimiento del real, en 1516, en el condado de Joachimstahl, en el territorio de la actual República Checa, se creó, a imagen y semejanza de la divisa española, el ‘tálero’, una moneda que circuló en Europadurante dos siglos y medio antes de llegar a los Estados Unidos, donde sufrió una alteración fonética que llevó a llamarla dólar </palabra.php?q=dólar>*.


católico
Esta palabra nos llegó a través del latín catholicus, proveniente del término griego katholikós, que había sido usado por Aristóteles y Zenón con el sentido de ‘lo más universal’, ‘lo más general’, por oposición a lo particular y local.
La palabra griega era una derivación del adverbio katholou (en general, en absoluto), compuesto de kat- (de, acerca de), más holou (todo, entero).
En tiempos de los apóstoles, la palabra catholicus nunca se usó para designar la naciente religión, pero la idea de universalidad de la Iglesia estaba presente en todos los escritos de los seguidores de Cristo. Parece haber sido usada por primera vez para designar a la religión cristiana en una carta del obispo de Antioquía Ignacio, pero la noción de una Iglesia universal, en el sentido de que alcanzaba los confines del mundo conocido, sólo surgió en el siglo iv de nuestra era, para quedar consolidada en el concilio de Constantinopla, en 381: «Creo en la Iglesia una, santa, católica y apostólica».



gardenia
La gardenia es una hermosa flor originaria de China, de color blanco, amarillo o azul y de delicada fragancia, que florece en árboles y arbustos de hojas perennes de la familia de las rubiáceas. El nombre le fue dado por el botánico sueco Carl von Linneo (1707-1778), en homenaje al naturalista y médico estadounidense de origen escocés Alexander Garden (1730-1791), como reconocimiento a su contribución a la clasificación de las plantas del Nuevo Mundo. Se conocen unas 200 especies de gardenias, nativas de las regiones subtropicales del Asia y África
La variedad menuda denominada Gardenia radicans, es una de las flores preferidas por los especialistas en el milenario arte japonés del bonsai, que consiste en disponer en una bandeja pequeños ejemplares de árboles o arbustas para representar en ese espacio un pedazo de la naturaleza, pero los floristas suelen preferir, por su fragancia, la variante china Gardenia jasminoides.
La palabra gardenia fue usada por primera vez en español por la novelista Emilia Pardo Bazán en el texto abajo, de su obra Insolación (1888), e incorporada al Diccionario de la Real Academia en 1899. 
Tome usted para que se calle. Desprendí la gardenia y se la ofrecí. Entonces hizo mil remilgos y zalemas. - Si yo no pretendía tanto... Con el rabillo me contentaba, o con media hoja que usted le arrancase... ¡Una gardenia para mí solo! No sé cómo lucirla... 



lacónico
Los espartanos, un pueblo de guerreros de la antigua Grecia, habitaron Laconia, antiguo país del sur de Grecia, a orillas del mar Egeo y del Mediterráneo, másconcretamente Esparta, su capital. Tal vez debido a los rígidos hábitos militares impuestos por su organización social, los espartanos eran gente de pocas palabras. 
Se cuenta que en cierta ocasión Filipo de Macedonia amenazó con invadir sus tierras: «Si entro en Laconia, voy a arrasar y someter Esparta», dijo el padre de Alejandro Magno. La respuesta de los espartanos pasó a la historia como un ejemplo de laconismo: «Si...».
Por esa época surgió el adjetivo griego lakonikós (espartano, lacedemonio), que pasó al latín como laconicus y llegó hasta nosotros como lacónico.
Gracián esgrime un estilo breve y ceñido, lacónico, en el que las palabras, a fuerza de apurar sus posibilidades de expresión, vuelven a cobrar vida.



oráculo
En la antigua Grecia, oráculos eran los lugares en los que sacerdotes y pitonisas daban a conocer las respuestas de los dioses a las consultas que les habían sido formuladas. La palabra era usada también para designar el propio lugar de las profecías. En la actualidad, oráculo se usa también en nuestra lengua para designar al sabio que es oído por todos en virtud de su sabiduría.
El oráculo más antiguo y famoso de Grecia fue el de Delfos, situado en la falda del monte Parnaso, enfrente al golfo de Corinto. Según la tradición, el oráculo había pertenecido primero a Gea, la madre tierra, pero ésta se lo dio a Apolo o, según otras versiones, fue robado por éste.
Los secretos del oráculo eran revelados a los hombres por una sacerdotisa a la que se llamaba Pytho (de donde proviene pitonisa). Homero, quien vivió en el siglo ix antes de Cristo, según la hipótesis más aceptada, ya conocía el oráculo establecido por esa época en una colonia de Micenas, pero esta creencia se tornó panhelénica sólo entre los siglos vii y vi antes de nuestra era, cuando los legisladores empezaron a buscar el consejo de Apolo para sus decisiones.
La palabra llegó a nuestra lengua procedente no del griego sino del latín oraculum, que se formó a partir del verbo orare (rezar).



discrepar
La fascinante historia de las palabras nos muestra cómo, a lo largo de los siglos, las palabras suelen encontrarse, separarse y emparentarse tal como lo hacen los seres humanos, por los caminos más sorprendentes e inesperados. El caso de discrepary ‘crepitar’ es un buen ejemplo de esta afirmación. ¿Cuál puede ser la relación entre disentir de las ideas de otra persona y el sonido de la leña en un buen fuego invernal? Pues, quien discrepa está ‘disonando, sonando diferente’. Tanto discrepar como crepitar se derivan del latín crepare, que significa ‘crujir, dar un chasquido’. Obsérvese que esta referencia auditiva recuerda la etimología del vocablo absurdo </palabra.php?q=absurdo>*.
Un error común en el uso de esta palabra es usar la preposición con;el régimen de discrepar exige la preposición de. Así, se debe decir ‘discrepo de ti en esto’, y no, como oímos frecuentemente, ‘discrepo contigo’.


pedagogo
Este término aparece ya en el Universal Vocabulario en latín y en romance de Alfonso Fernández de Palencia, publicado en 1490, proveniente del latín paedagogus (preceptor), palabra tomada del griego paidagogós, con el mismo significado,que se formó mediante la unión de paidós (niño), con agó (conduzco, guío). Entre los antiguos, el pedagogo era una especie de ayo o preceptor, que se encargaba de guiar al niño durante los primeros años de su vida.
El vocablo pedantesurgió en Italia como una broma hecha a costa del cultismo pedagogo, que el pueblo identificó en forma jocosa con la palabra ya existente pedante, que significaba ‘andar a pie’. Al comparar pedante con pedagogo,se buscaba establecer un contraste entre la arrogancia de algunos pedagogos y su pobreza, ya que todos ellos andaban a pie, algo que poco ha mudado con el paso de los siglos.
En los últimos años, surgió en nuestra lengua el galicismo pedófilo(de pédophile), para designar a quienes abusan sexualmente de los niños, que acabó por ser incluido en el Diccionario de la Real Academia Española. Sin embargo, la Academia prefiere paidófiloo, mejor aún, pederasta,aunque este último vocablo -formado por paidós y erastés (amante)- se aplica también a los homosexuales masculinos.
Entre los derivados de paidós encontramos también pediatra,que se formó con la adición de iatrós (médico), para designar al facultativo que se especializa en niños.


libro
Libro proviene de liber, la palabra con que los romanos designaban la parte interior de la corteza de los árboles, que usaban para escribir. Con ligeras variantes, la palabra se repite en todas las lenguas romances modernas (livre en francés, livro en portugués, libro en italiano, llibru en asturiano, entre otras). El primer libro impreso de la Historia -una biblia en dos tomos, con 1.282 páginas escritas en caracteres góticos que quedó conocida como la Biblia mazarina- fue editado por el propio inventor de la imprenta, Johannes Gutenberg. Este impresor alemán construyó la primera prensa de tipos móviles en Maguncia, en 1454, un año después de la toma de Constantinopla por los turcos, que dio inicio a la Época Moderna.
Sin embargo, los primeros libros manuscritos ya habían aparecido unos 2.000 años antes, en Corea y la China, confeccionados con hojas de palmera, tablas de madera pulida, corteza de árboles y hojas de seda. Algunos siglos después aparecieron en Asiria y Caldea libros hechos con placas de arcilla y, en Roma, con pergaminos confeccionados con piel de carnero. Con esos materiales se comprende que los primeros libros fueran muy diferentes de los que hoy conocemos. Los de pergamino, por ejemplo, eran inicialmente rollos que aparecían escritos de un solo lado, pero en la época de Augusto alguien tuvo la idea de doblar los grandes pergaminos en hojas, cortarlas y coserlas en cuadernos para darle al libro la forma rectangular que ha conservado hasta hoy.



caballo
El caballo es un antiguo amigo de los seres humanos, con los que compartió durante los últimos cinco mil años las duras faenas del campo y los peligros de las batallas, además de servirles como medio de carga y de transporte. Los más antiguos antecesores del caballo, los Hyracotheria (del griego hýrax, hýrakos, rata, y odoús, odóntos, diente), que medían unos treinta centímetros de altura, vivieron en el Asia Menor hace tal vez cuarenta millones de años, pero fue necesaria una larga cadena evolutiva hasta llegar al Equus caballus, domesticado en el Cercano Oriente hace unos cinco mil años. Esta evolución ocurrió en varios continentes, incluso en las planicies de la América del Norte, de donde esta especie desapareció por razones desconocidas hace entre ocho mil y once mil años. 
Los romanos llamaron caballus a los caballos castrados o jamelgos, mientras que la designación general para este animal era equus, palabra procedente del término prehistórico indoeuropeo ekwo-; pero en el latín vulgar de la Edad Media equus prácticamente desapareció, sustituido por nombres como cavallo en casi todas las lenguas romances, aunque dejó su huella en nuestra lengua en vocablos como ‘ecuestre’ y ‘equino’, como también en el femenino ‘yegua’. No se conoce con certeza el origen de caballo, que había llegado al latín procedente de otras lenguas. Hay quien le atribuye un origen celta, pero la mayoría de los estudiosos cree que se trata de una palabra venida de Oriente, que de alguna forma llegó a la Galia y desde allí se extendió a las lenguas romances. También se ha señalado la semejanza de caballo con la voz rusa kobyli (yegua) aunque un posible parentesco entre ambos términos nunca se probó.
En otras lenguas romances se dice hoy: cavalo en portugués; cheval en francés; cavallo en italiano; mientras que en inglés el animal se llama horse y en alemán, Pferd.



veneno
Las sustancias que estimulan la función sexual masculina fueron descubiertas en los últimos años del siglo xx, pero la Humanidad sueña desde muy antiguo con estimulantes del deseo sexual, drogas que son llamadas ‘afrodisíacos’ por asociación con la diosa griega del amor, Afrodita.
El nombre de esta deidad entre los romanos era Venus, por lo que las pociones mágicas para hacerse amar o para despertar en cada uno o en los demás el deseo sexual se llamaron venenum.
Con el paso de los siglos, venenum se extendió a todas las drogas, pociones y medicamentos, pero también a las drogas capaces de causar la muerte de quien las ingiriera. Por esa razón, autores como Virgilio optaron por adjuntar a la palabra los calificativos bonum y malum (bueno y malo) para distinguir medicamentos y tóxicos.
Al español llegó con el significado de sustancia que causa enfermedades o trastorna procesos vitales al contactar con el organismo. Hasta el siglo xvi fue mucho más frecuente venino que veneno:
Ouando querie beber la agua o el vino, Vertieielo delante el traydor veçino, Façie pudir la casa peor que mal venino, Mayor premia lis daba que sayon nin merino. (Gonzalo de Berceo Milagros de Nuestra Señora).



equinoccio
Instante en el que, por hallarse el Sol sobre el Ecuador, los días son iguales a las noches en toda la Tierra, lo que ocurre anualmente alrededor del 21 de marzo y del 22 de septiembre. 
Desde la más remota antigüedad, el hombre percibió que la duración de los días y de las noches, así como la temperatura ambiente, variaba en forma regular a lo largo del año y que estas variaciones coincidían con el lugar de la salida del sol, que se alejaba del punto cardinal Este hacia el Norte y el Sur alternativamente. Este conocimiento meramente empírico del ciclo de las estaciones era de la mayor importancia para la agricultura, que siempre fue la actividad fundamental del hombre.
En sociedades más avanzadas, como Babilonia o el Egipto de los faraones, el cómputo del tiempo y la observación del ciclo de los astros dio lugar a la formación de los primeros calendarios, como el babilónico, basado en la Luna y el de los egipcios, que fue el primer calendario solar.
Sin tener la menor idea del sistema solar como conjunto de planetas que giran alrededor del Sol, estos pueblos verificaron que el comienzo de la primavera y el del otoño ocurría cuando el astro se encontraba sobre el línea del Ecuador, en el centro de su trayectoria anual hacia el Norte y el Sur y los latinos llamaron aequinoctium a los días en que eso ocurría.
Equinoccio se formó a partir de dos palabras latinas: a) el adjetivo aequus (igual) -el mismo que encontramos en ‘equilátero’ (de lados iguales) y en ‘equidistante’ (situado a igual distancia)- y b) nox, noctis (noche), o sea, ‘el día en que la noche es de igual duración que el día’. 
La voz latina se originó en el griego nux, nuktos (noche, tinieblas), que proviene de la raíz indoeuropea nek-t-. 


moneda
Pieza de metal, generalmente en forma de disco y acuñada con los distintivos elegidos por la autoridad emisora para acreditar su legitimidad y valor, y, por extensión, billete o papel de curso legal. 
El término proviene del nombre del lugar donde se acuñaba moneda en Roma: en una casa situada al lado del templo de la diosa Juno Moneta, bajo cuya protección estaba. El sobrenombre Moneta fue atribuido a la diosa por el escritor latino Livio Andrónico después de que los gansos que vivían alrededor del templo, en el monte Capitolio, advirtieran con sus graznidos a los romanos de un ataque de los galos. Avisar, en latín, es monere (de donde provienen ‘admonición’ y ‘monitor’) y la diosa, a la que se atribuyó el aviso de los gansos, fue llamada desde entonces Juno Moneta. Como su templo estaba al lado del lugar donde se fundían los denarios (de ahí dinero), las monedas tomaron ese nombre.

 

pretexto
Cuando compramos una prenda de ropa o un corte de tela difícilmente se nos ocurrirá pensar cómo fue confeccionado, cómo se llegó, desde la lana en la oveja o desde el algodón en rama hasta la prenda lista para vestir.
Antiguamente los tejidos se hacían en casa o en talleres de artesanos, y el proceso de fabricación era seguido más de cerca -y conocido- por toda la gente, lo que explica las numerosas metáforas de origen textil que dieron origen a muchas palabras de nuestra lengua.
Una de ellas es pretexto, registrada en español a partir del siglo XVII con su significado actual, derivada del latín praetextus, que era el participio pasivo del verbo praetexere 'poner un bordado o tejido delante de una pieza de ropa'. De praetextus surgió también praetexta, que era el nombre de una toga adornada con una franja de color púrpura.
De ahí se fue derivando hacia el significado actual de pretexto que no es otra cosa que un adorno que, como un bordado, se pone delante de los hechos para tornarlos más aceptables.



esguince
Se trata de un término del vocabulario médico que se incorporó al lenguaje popular probablemente debido a los esguinces sufridos por los deportistas que desde el siglo pasado convocan muchedumbres a colmar los estadios.
Esguince es una torcedura o una distensión violenta de una articulación, que no llega a ser luxación (dislocación de un hueso) ni tampoco rotura de ningún tejido. Este vocablo proviene del latín vulgar exquintiare (partir en cinco pedazos), compuesto por la partícula ex y quintus (quinto), usado con el sentido de ‘rasgar’ o ‘desgarrar’, aun cuando no fuera en cinco pedazos, y quizás haya llegado al castellano desde el catalán esquinç.El médico y diccionarista Fernando A. Navarro, en su obra Parentescos insólitos del lenguaje, enumera una serie de palabras que, como esguince, provienen del número cinco o, más bien, del latín quintus: ‘quiniela’, ‘quincena’, ‘tos quintosa’ y ‘quintillizos’, entre otros.



estadística
La estadística es un conjunto de técnicas para observar, medir e interpretar fenómenos colectivos que ocurren en las sociedades humanas, mediante métodos basados en el uso de grandes números.
Aunque el Diccionario de la Real Academia señala con acierto que la palabra estadística llegó al castellano hacia 1765-83, a partir del alemán Statistik (1749), también es verdad que la palabra italiana statistica era usada por lo menos desde 1633 aunque con el sentido de ‘ciencia del Estado’, tomada del latín statisticum, con el mismo significado.
Quien usó esta palabra por primera vez con su significado actual fue el economista alemán Gottfried Achenwall (1719-1772) en su obra Compendio de la constitución política de los principales países y pueblos europeos, quien la registró bajo la forma arriba citada: Statistik, a partir de la cual se formaron el francés statistique, el inglés statistics, el portugués estatística y el español estadística.



bicoca
Cosa de poco valor o poca estima.
«Lo habían estado explotando por años y años pagándome una bicoca, que a mí de bruto me parecía un sol», comentaba un personaje de la novela Setenta veces siete, del autor mexicano Ricardo Elizondo. Bicoca es palabra usada en la mayor parte de los países hispanohablantes, si no en todos, pero pocos conocen su origen. 
Del italiano bicocca (castillo en una roca), procedente del bajo latín de Italia y de origen incierto, la palabra está documentada desde 1609 con los significados de ‘fortificación insignificante’ y ‘cosa de poco valor’.
En el siglo xvii, bajo el reinado de Carlos V, en cuyo reino jamás se ponía el sol, España dominaba parte de Italia, pero los franceses, gobernados por Francisco I, quisieron arrebatar estas tierras a los invasores ibéricos y contrataron con tal fin a unos 15.000 soldados suizos, esguízaros, los más famosos mercenarios de la época. Estos guerreros llegaron a Italia armados con picas al mando del mariscal Lautrec y combatieron contra unos 4.000 soldados españoles comandados por el general Colonna y el marqués de Pescara, armados unos con picas y, los más, con arcabuces. 
La batalla se libró el 27 de abril de 1522 en la localidad de La Bicocca, población cercana a Monza, en el antiguo condado de Milán, donde el ejército franco-helvético fue diezmado casi sin ocasionar bajas a los españoles. Como resultado de este triunfo, aparentemente fácil, rápido y de gran importancia, se desmoronó la fama de los piqueros suizos y se afianzó la supremacía de los españoles en la zona. Otra consecuencia de la victoria de los españoles fue la incorporación al idioma de la palabra bicoca, para referirse a un bien muy deseado, que se obtiene de manera fácil.



estentóreo
Uno de los personajes de Homero, Esténtor, tenía una voz ‘tan fuerte y ruidosa que sería suficiente para derribar las murallas de la ciudad’. La Ilíada narra un episodio en que Hera adoptó la forma de Esténtor, ‘cuya voz era de bronce y más alta que la de 50 guerreros’ y dio un grito tan terrible que, si bien no llegó a derribar las murallas, al menos excitó el coraje y la furia de los aqueos, que continuaron luchando con denuedo renovado.
...y Hera, la diosa de los níveos brazos, tomando el aspecto del magnánimo Esténtor, que tenía vozarrón de bronce y gritaba tanto como cincuenta, exclamó: [...]. (Ilíada)
Homero tomó el nombre de su personaje de la palabra griega stenein, que significaba ‘gemir de manera profunda y ruidosa’, al igual que el vocablo sánscrito stanati. El grito de Hera fue, pues, estentóreo, palabra que se registra por primera vez en español en 1615 y que llegó a nosotros a través del latín tardío stentoreus tomada del griego stentoreios, que signficaba ‘relativo a Esténtor’. A pesar de la fuerza de su voz, en cierta ocasión Esténtor compitió con Hermes y cayó derrotado, por lo que fue muerto por este dios, que mataba de melancolía.



cábala
Se ha dado este nombre a un conjunto de doctrinas místicas, desarrolladas inicialmente en el judaísmo, sobre todo entre los siglos xii y xvii. Modernamente, se da este nombre también a cierto tipo de cálculo supersticioso para adivinar alguna cosa.
En los países en los que están muy extendidos los juegos de loterías o quinielas y entre los aficionados a juegos de azar como la ruleta, los jugadores eligen cuidadosamente los números por los que apuestan, con base en sueños, sucesos de la vida cotidiana en los que tales números aparecen o en la mera inspiración del momento y llaman cábala a los motivos de su elección, pero raramente conocen el origen de esta palabra.
Cábala llegó al español a través del latín medieval cabala, palabra derivada del hebreo qabbalá, que a su vez tuvo origen en la raíz semítica qbl (recibir).
Qabbalah se usó para designar toda la tradición no contenida en el Pentateuco (los cinco primeros libros de la Biblia). El primer texto relacionado con la cábala, Séller Yesira (Libro de creación), fue escrito en Palestina entre los siglos iii y iv. En él se intenta explicar la relación de la divinidad con la creación, fundamentándola en los séfirot (diez números básicos) y en la combinación de las veintidós letras del alfabeto hebreo. La obra clásica de la cábala es el Zohar (resplandor) escrito en arameo por Simeón ben Yohay, más divulgada la traducción y versión del español Mosé ben-Sem-Tob de León (1250-1305). Desde un principio, la cábala estuvo vinculada con la magia, la astrología, la nigromancia y la quiromancia y justificaba sus teorías desde la gematría (concesión de valores numéricos a las letras y palabras, recurriendo incluso a multiplicaciones y divisiones) y a la temurá (permutación de letras) para la interpretación de los textos. La cábala, como doctrina seudorreligiosa, adquiere su esplendor en la comunidad hebrea tras la expulsión de los judíos de España, en 1492. Al final, la cábala estaba vinculada únicamente a la magia y al ocultismo, y su decadencia ocurrió en el siglo xviii.
La primera documentación en español de cábala se registra en el prólogo del Libro de la caza, de don Juan Manuel (1282-1348):
Otrosi fizo trasladar toda la ley de los judios & avn el su talmud Et otra sciençia que an los judios muy escondida a que llaman cabala.
‘Cábula’ es una variante de ‘cábala’, contaminada por ‘fábula’, que se usa en algunos zonas de Argentina y Colombia con el significado de ‘treta’. En Chile y Honduras, ‘cábula’ se transformó en ‘caula’ y también en ‘cabla’.



alcohol
La búsqueda de la belleza por parte de las mujeres ha estimulado numerosas invenciones a lo largo de los siglos hasta llegar a los avances de la cosmética moderna, un ramo que hoy mueve miles de millones de dólares en la industria química y en la publicidad. Tal actividad no podría menos que dejar sus huellas en el lenguaje, en el que la etimología de vocablos como alcohol y belladona </palabra.php?q=belladona>* constituye apenas un par de ejemplos de la incidencia de la búsqueda de la belleza en la historia del idioma.
El hábito femenino de ennegrecerse los párpados para embellecerse no es nuevo; los ojos oscuros, u oscurecidos, ya estaban presentes en el modelo de belleza de la Baja Edad Media en los países mediterráneos. Pero como en aquella época las mujeres todavía no contaban con los productos de la cosmética moderna, se valían de un polvo hecho a partir del metaloide antimonio.
Autores castellanos del siglo XIII describían el alcohol como 'un polvillo finísimo de antimonio empleado por las mujeres para ennegrecerse los ojos' y explicaban que el término provenía del árabe vulgar al kohól o al khul en árabe clásico, que significaba 'antimonio'.
El antimonio era largamente triturado para lograr aquel polvillo pero, por los años del Descubrimiento, la palabra ya era usada para referirse también a 'cualquier esencia obtenida por trituración, sublimación o destilación'. Fue Paracelso el primero en llamar alcohol al 'espíritu del vino', ese sutilísimo vapor exhalado por algunas bebidas, que llena de alegría y exalta el espíritu de quien las bebe, como se sabe desde los tiempos bíblicos. De ahí el calificativo 'espiritoso' o 'espirituoso', aplicado a las bebidas alcohólicas.



presidente
Durante los últimos años, varios presidentes o ex presidentes de diversos países fueron a dar con sus huesos en un presidio bajo acusaciones de corrupción, lo que no debería llamar la atención puesto que, al menos etimológicamente, presidente y presidio tienen el mismo origen.
En efecto, la palabra latina presidere está formada por el prefijo pre- (antes, delante) y el verbo sídere (sentarse), con el significado de ‘estar sentado al frente’ y también ‘estar situado al frente para proteger a los demás’, como anotaba Nebrija, al ocuparse de las palabras presidir y presidente. El sentido de ‘sentarse al frente’ en presidir fue evolucionando hasta significar ‘el que se sienta al frente de una asamblea para coordinarla’, mientras que el de ‘proteger' evolucionó hacia presidio. 
En efecto, presidio era la ‘guarnición que se pone al frente de una plaza para protegerla' y la palabra fue usada inicialmente con ese significado para referirse a las guarniciones españolas en Marruecos. Como los condenados eran enviados a estas guarniciones, la palabra fue adquiriendo poco a poco el sentido de ‘establecimiento penal’.



barítono
Es el nombre que se da a la voz que está entre tenor y bajo y a la persona que tiene esa voz. 
Esta palabra nos ha llegado, a través del latín barytonus, del griego barýtonos; éste formado por barýs, ‘pesado, grave’ y tonos, ‘tensión, cuerda, tono’, derivado del indoeuropeo ten-, ‘cuerda’, de donde también proceden palabras como tendón, pretender, hipotenusa, tenor, etc. Literalmente, barítono significa ‘tono grave’. En nuestra lengua, aparece por primera vez en el diccionario bilingüe español-inglés de 1706 de John Stevens.
En gramática griega, e incluso en algunas españolas, se denominan barítonas aquellas palabras cuya sílaba final es átona. Así lo indica Alfonso Fernández de Palencia (1423-1492) en su obra Universal vocabulario de latín en romance (1490):
Baritona dicen los griegos aquellos verbos que ante del fin tienen açento graue.
En el siglo xviii también se denominaba barítonos a determinados instrumentos de cuerda y arco de la familia de las violas de gamba, hoy día obsoletos, como la viola di bordone, el oboe grave y el bajo de la viola de amor.



adivinar
«Predecir lo futuro o descubrir lo oculto, por medio de agüeros o sortilegios. Descubrir por conjeturas algo oculto o ignorado. Acertar lo que quiere decir un enigma. Acertar algo por azar. Vislumbrar, distinguir».Hasta aquí, la definición del Diccionario de la Real Academia, aunque con relación a la tercera acepción creemos que los enigmas se descifran, no se adivinan.
Los romanos creían que el poder de la adivinación era otorgado por los dioses a hombres privilegiados por ellos, los arúspices (del etrusco haru [entrañas], con el verbo latino spicio [mirar]), así llamados porque examinaban las entrañas de las víctimas. Era una vieja creencia etrusca que los romanos heredaron, aunque se cree que fuera mucho más antigua, probablemente de la llegada de los pueblos indoeuropeos a la Península Itálica. Por el don que los dioses le concedían, un arúspice era también un homo divinus, y más tarde simplemente divinus. En los primeros siglos de desarrollo del español se registra la palabra ‘divino’ con este sentido. 
En el siglo xiii, en los poemas de Berceo, el autor más destacado de las obras devotas conocidas como Mester de Clerecía, ya se utilizaba el verbo devinar, que a fines de ese siglo aparece como adevinar, en la obra Gran Conquista de Ultramar. El vocablo, tal como lo conocemos hoy, sólo surge en el siglo xvi. 



villano
En el cine y en la literatura contemporánea, el villano es lo opuesto del héroe, una figura detestable que encarna todos los males y maldades y da sentido a la existencia de aquél, lo que ha hecho creer a mucha gente que la palabra provenga de vil.
Sin embargo, en la Edad Media los villanos eran los buenos y honestos habitantes de las villas, aquellos pequeños caseríos poblados por labriegos que laboraban las tierras de los miembros de la nobleza. Pero para los propietarios, el villano era un sujeto embrutecido, ignorante y vulgar, un concepto (o más bien un prejuicio) elitista que con el tiempo se extendió a la concepción moral del villano. Por esa razón, la voz villanofue usada cada vez con más frecuencia para designar a los sujetos que se caracterizaban por su maldad y vileza.
La palabra villano procede directamente del latín villanus (el habitante de una villa), que en latín clásico es ‘casa de campo’; villa se deriva del indoeuropeo weik- (clan), más precisamente de su forma sufijada weik-sla-.



catastro
Censo y padrón estadístico de las propiedades urbanas y rurales.
Designa el registro público, generalmente de bienes raíces. Palabra muy del gusto de los burócratas, sus primeros rastros se encuentran en la antigua Grecia cuando todavía no existía la burocracia pero ya había cobradores de impuestos, en el vocablo stikhos (línea), que muchos siglos después, en el Imperio Bizantino, sería retomado por los cobradores de impuestos, para crear sus katastikhon (listas de bienes). En su trayectoria a lo largo de los siglos, algunos dialectos de la Península Itálica recogieron el término grecobizantino y lo convirtieron primero en ‘catástico’ y más tarde en catastro, que en el siglo xviii pasaría al español sin cambios y al portugués como cadastro, probablemente con una escala previa en el francés antiguo cadastre.



inocular
Este moderno término médico proviene del latín oculus, que significa ojo, voz de la que procede también ocular, la parte de un microscopio o de un telescopio que queda más cercana al ojo. Los latinos crearon una metáfora por la que extendieron el significado de oculusal capullo de una flor. Esta metáfora no llegó hasta nosotros, pero sí inoculare, que se usó en latín para designar el acto de injertar el capullo u otra parte de una planta.
El sentido actual de inocular surgió en el siglo xviii, con las modernas técnicas médicas de introducir (o inocular) antígenos en el organismo humano, aunque inicialmente se refería apenas al virus de la viruela.
Este vocablo llegó al Diccionario de la Real Academia Española en 1803, definido como «comunicar o pegar a otro las viruelas por medio de cierta operación artificiosa»; la edición de 1852 ya admitía la inoculación de virus «de cualquier mal contagioso», y, en 1869, fue reconocida la segunda acepción señalada arriba. Por entonces ya nadie se acordaba del origen vinculado a oculus.

 

 

orquesta
Orquesta significa tanto un grupo de músicos que interpretan piezas musicales con diversos instrumentos, como el lugar del teatro destinado a los músicos, situado entre la escena y las butacas. 
El teatro griego se caracterizaba por un coro formado por bailarines y músicos que evolucionaban sobre un estrado llamado orkhéstra, situado entre el escenario y los espectadores. Orkhéstra provenía del verbo orcheisthai (danzar).
El vocablo griego pasó al latín como orchestra con el mismo significado, como documentan los escritos de diversos poetas romanos. En el siglo i, Vitruvio y Suetonio la utilizaron para designar el lugar destinado a los senadores en el teatro romano. La palabra llegó al francés a fines de la Edad Media, en traducciones de Suetonio, pero sólo se aplicó al teatro moderno a partir del siglo xviii, con la ópera italiana. El primer Diccionario de la Real Academia registraba el sentido que le dio Suetonio y también el de «tablado donde se sientan los músicos». Y fue en 1817 cuando el DRAE atribuyó por primera vez a orquesta el significado de «conjunto de músicos de varios instrumentos que tocan composiciones escritas a propósito con el acorde de todos ellos»’. 
Tomás de Iriarte y Leandro Moratín fueron criticados por la elite culta del siglo xviii por haber sido los primeros que usaron la forma actual orquesta, que en el Diccionario Castellano de Esteban de Terrero aparecía calificada como vulgar, aunque el Diccionario de la Academia usó esta forma desde su segunda edición.



víctima
En los primeros siglos de la lengua latina, victuma y, más frecuentemente, victima eran las palabras que designaban a los seres humanos o animales vivos que habían sido elegidos para morir en sacrificios ofrecidos a los dioses. Victimarius era el nombre del verdugo </palabra.php?q=verdugo>* encargado de matar a esos hombres o animales, hoy en español, victimario. Con el tiempo,víctimase fue aplicando no sólo a las personas y animales inmolados, sino también a aquellos que sufrían agresiones, torturas, accidentes o incluso enfermedades, una evolución que no ocurrió en el español sino aún en el propio latín, como vemos en estas palabras de Ovidio: Victima decipientis error (Seré víctima de un defraudador).
¿Pero cómo llegó al latín la palabra victima? Debemos admitir que no está claro, pero por podemos observar que muy cerca de este vocablo están victus (alimento, aunque también vencido) y vinctus (encadenado). Lo único cierto es que el papel de la víctima es cargar con los pecados de todos, ser ‘sacrificada’ -de sacrum facere (hacer algo sagrado)-para que la sociedad se vea libre de sus culpas.Para los cristianos, ése fue el papel de Jesucristo, llamado ‘cordero de Dios que quita los pecados del mundo’, es decir, una víctima sacrificada para expiar las culpas de los demás.



hígado
Nuestra lengua no es sino un latín tardío, enriquecido con numerosos elementos godos y árabes después de que estos pueblos ocuparon la Península Ibérica. Cabría pues esperar que el nombre del hígado apareciera emparentado con la palabra latina iecur, o tal vez con la griega épatos, pero... ¿por qué hígado?
Se trata de una historia curiosa que comienza con una digresión gastronómica. Los franceses dieron a conocer al mundo el foie gras de oca, una delicatesse (perdón, delicia) elaborada con hígado de oca después de que este órgano del ave ha sido hipertrofiado con dosis abundantes de maíz.
Pero el producto es mucho más antiguo que Francia y los franceses; ya era conocido por los atenienses del siglo de Pericles, quienes, por no conocer el maíz, cebaban a las ocas con higos (sykon, en griego) y, como tampoco sabían francés, lo llamaron hépar sýkoton.
Esta exquisitez gastronómica fue legada a Roma, donde el gourmet Marcus Apicius innovó al introducir la costumbre de sumergir el hígado en un baño de leche con miel para que aumentara de tamaño y mejorara su sabor con nuevas fragancias. El hépar sýkoton de los griegos se llamó en Roma iecur ficatum (hígado con higos), expresión que con el tiempo pasó a designar al hígado, con o sin higos, de cualquier animal, incluso el del hombre. Algunos siglos más y la palabra iécur se perdió en la oscuridad de los tiempos, mientras que ficatum se siguió usando como nombre del órgano, hasta llegar al asturiano fégadu, al castellano antiguo y portugués fígado y finalmente al moderno español hígado, documentada desde finales del siglo xv:
Sacanse algunos que lo tienen en la ante penultima. como filósofo, lógico, gramático, médico, arsénico, párpado, pórfido, úmido, hígado, ábrigo cierto, cuando por amor se hacen desiguales casamientos. (Antonio de Nebrija Gramática castellana, 1492).


anillo
Tal vez el anillo con una piedra engarzada más antiguo de que hay referencia sea el que Zeus ordenó usar a Prometeo, confeccionado con el acero de los grilletes que lo habían mantenido atado a una roca. Tras haber sido perdonado por Zeus, a quien había ofendido, Prometeo tendría que usar para siempre aquel anillo, el cual debería llevar engarzado un pedazo de la roca para que el dios pudiera así cumplir su promesa de mantenerlo atado a ella para siempre.
Otro anillo aparece en el mito germánico de los nibelungos, y muchos otros en las más antiguas leyendas de la Mesopotamia y en las tradiciones judías, romanas y cristianas. Entre nosotros, un anillo en el dedo anular de cada cónyuge es el símbolo de la fidelidad en la unión matrimonial, y en el de un obispo simboliza la autoridad del representante de Roma y su fidelidad a la Iglesia.
La palabra anillo aparece documentada por primera vez en el siglo xiii por Berceo, el poeta del Mester de Clerecía, y llegó al español procedente de la voz latina anellus (anillito)¸ el diminutivo de anulus (anillo, sortija para el dedo o para sellar), derivado de anus (anillo y también ano). De anulus nuestra lengua heredó el adjetivo anular (con forma de anillo) usado también para calificar los eclipses incompletos de sol, en los cuales una parte del astro permanece visible como si fuera un ‘anillo’ luminoso alrededor de la luna.
En portugués, la palabra correspondiente a anillo es anel; pero la que se formó a partir de la antigua grafía española anelo fue elo, que en la lengua de Camões significa ‘eslabón’.
De anillo se derivó el cultismo anélido, procedente del francés annélide, que denomina a los gusanos, animales cuyo cuerpo está compuesto por anillos.



calambre
Este vocablo proviene del germánico kramph, que pasó al alemán moderno Krampf, al inglés cramp y al francés crampe. Corominas estima probable que en Francia haya pasado antes por crambe para llegar luego a Asturias por transliteración como cambre y luego a Castilla y Aragón, hacia fines del siglo XIII, como clambre y calambre, y a Portugal, como cãibra.



migraña
La palabra griega kranion era el diminutivo de kranos (casco, yelmo y, más tarde, cráneo), que llegó al español hacia 1580 como cráneo, con su significado actual. Al dolor de cabeza que afecta sólo una parte de la cabeza (jaqueca) los griegos lo llamaron hemikranea y los latinos hemicrania, mediante la aposición del prefijo hemi- (medio), o sea, que afectaba la mitad de la cabeza. Finalmente, llegó al español como 'hemicránea', pero en el habla popular este vocablo culto no demoró en convertirse en migraña. El Diccionario de la Real Academia recoge hoy ambas formas, hemicránea y migraña, aunque en ninguno de los dos artículos se hace referencia al otro.



tulipán
Esta flor es símbolo de Holanda y uno de los productos más importantes de su economía. Sin embargo, el tulipán es de origen oriental, probablemente de la India, donde se le considera el símbolo del amor frustrado.
Otra leyenda india cuenta que el tulipán era un príncipe que se sumergió en un vaso de sangre para tornarse más rojo, debido a los celos que sentía de los labios de una cierta princesa de nombre Bakawali y fue convertido en flor. Lo cierto es que el tulipán flor fue introducido en Europa desde Turquía, país donde tomó su nombre, derivado de la palabra turca tulbant, que significa turbante, debido a su delicada forma del capullo, que recuerda a un turbante.
En 1559 un diplomático austríaco compró en Constantinopla algunos bulbos para regalárselos a un amigo en Alemania y, a partir de allí, su cultivo se extendió rápidamente por Europa, pero por alguna razón, despertó una pasión frenética en los holandeses. Cuenta la Historia que en el siglo xvii el entusiasmo por los tulipanes era tan intenso en Holanda que grandes extensiones de tierras agrícolas fueron destinadas al cultivo de la planta, con lo que se resintió la agricultura y estalló una crisis de abastecimiento de alimentos.



calzado
Los griegos usaban el adverbio laks con el significado de ‘con el talón’, ‘con el calcañar’, palabra que los latinos convirtieron en calx, calcis (hicieron una metátesis, figura de dicción que consiste en alterar o transponer el orden de los sonidos de una palabra) y la usaron para designar el talón. Y como el talón era calx, los romanos llamaron calceus a lo que usaban para proteger el pie: el zapato o el calzado en general, y calcearium, al dinero que se daba a los soldados para costear su calzado.
A partir de calcearium, se formó el verbo italiano calzare de donde se derivó hacia el siglo xii el español calzar, del cual proviene a su vez el francés chausser, con el mismo significado.
Entró este cativo de sus fierros cargado, con pobre almesia, e con pobre calzado, con sus crines trezadas, de barba bien vellado, fo caer al sepulcro del confessor onrrado (Gonzalo de Berceo, siglo xiii).



persona
Esta palabra se aplica a todo individuo de la especie humana. 
El origen más remoto de la palabra persona es el griego prósopon (aspecto) de donde pasó al etrusco phersu, con el significado de ‘ahí’. A partir de esa voz, los latinos denominaron persona a las máscaras usadas en el teatro por los actores, y también llamaron así a los propios personajes teatrales representados.
Persona es pariente lejano de palabras de origen griego originadas en prósopon y sus derivados, tales como prosopografía y prosopopeya .
Es considerado vulgar el uso de ‘la persona’ con el significado de ‘uno, la gente’, según este ejemplo del siglo xv presentado por Corominas: 
La naturalesa del diablo non es para fazer bien... e como falla la persona mudable más unos tiempos que otros, está presto para lo que llevar al su camino. 
El vocablo latino se conservó en el portugués pessoa, en el gallego persoa, en el italiano persona, en el inglés person y también, aunque con otro significado, en el francés personne (nadie), entre otras lenguas.
Una memorable película de Ingmar Bergman, con Liv Ullman y Bibi Andersson, considerada la más osada y experimental de ese director sueco, se tituló Persona, en referencia a la acepción latina del término, que alude a máscaras y personajes.



sodomía
Sodomía es el nombre de la relación sexual anal que puede ocurrir en forma heterosexual o entre homosexuales masculinos. Su nombre proviene de la ciudad de Sodoma, hoy Sedom, situada a 80 kilómetros de Jerusalén, que en la antigüedad se había convertido, junto con la vecina Gomorra, en escenario de desenfrenadas orgías sexuales y que por esa razón fueron destruidas, según la Biblia.
Según la narración bíblica, el Señor envió dos mensajeros a Sodoma para advertirlos del peligro que corrían ante la ira divina. Los extranjeros se hospedaron en la casa de Lot, que muy pronto fue rodeada por los hombres de la ciudad para exigirle que entregara a los visitantes para abusar sexualmente de ellos. Pero los mensajeros, dotados de poderes milagrosos, cegaron a los hombres de Sodoma e indicaron a Lot que saliera de la ciudad con su familia y que no mirara hacia atrás.
Una vez que Lot estuvo fuera de Sodoma, la ciudad fue destruida y su mujer, Sara, olvidó la prohibición y se volvió para mirar, por lo que quedó instantáneamente convertida en estatua de sal. Según la leyenda, ésa sería la causa de la elevada salinidad del Mar Muerto, que en realidad es un lago salado que no recibe aguas fluviales. 
La destrucción de Sodoma, cuya principal actividad económica hoy es la extracción de álcalis del Mar Muerto, y de Gomorra puede haber sido causada por un fuerte terremoto que sacudió la región en el siglo ix antes de Cristo.



cementerio
Si el cementerio es un lugar donde algún día dormiremos para siempre, o hasta la resurrección según la creencia cristiana, no debe sorprendernos el origen de la palabra, que significó precisamente ‘dormitorio’, en griego koimetérion. Esta palabra proviene del verbo koiman (acostarse, dormir). De koimetérion se derivó la palabra latina coemeterium que ya llegó a esa lengua con su significado actual. Se cree que fueron cristianos griegos los primeros que usaron koimeterion en ese sentido; hasta entonces, el lugar en el que se enterraba a los muertos se llamaba ‘necrópolis’ (ciudad de los muertos).
En 1611 Sebastián de Covarrubias observaba en su Tesoro de la lengua castellana que «conociendo esta verdad universalmente, a la muerte llamamos sueño y al reposar los cuerpos en las sepulturas, dormir».
Gonzalo de Berceo usó tanto cimiterio como ciminterio. La forma actual, cementerio, ya aparecía en los Glosarios de Palacio, de Toledo y de El Escorial, hacia 1400.



tabaco
El tabaco, hoy reconocido como una droga que envicia y causa diversas enfermedades mortales, era usado por los indígenas americanos y disfrutó de gran prestigio en Europa cuando fue llevado al Viejo Continente por los conquistadores españoles. Francisco Hernández de Toledo introdujo la semilla del tabaco en España en 1510; hacia 1560 el escritor y diplomático francés Jean Nicot (en cuyo apellido está el origen de nicotina) la llevó y cultivó en Francia; el navegante Francis Drake la introdujo en Inglaterra en 1585. Y en el siglo xvii se extendió por el resto de Europa, Rusia, China y Japón.
La palabra tabaco aparece por primera vez en 1535, en el Diálogo de la lengua, de Juan de Valdés. Se ha dicho que es originaria del idioma de los primitivos habitantes de Haití, de la voz tobago, término con el que los indígenas caribeños denominaban a una especie de pipa o caña alargada que utilizaban para fumar, pero Corominas señaló que las palabras de origen árabe tabacco y atabaca eran empleadas en España e Italia desde mucho antes del Descubrimiento, por lo menos desde 1410, como nombre de diversas hierbas de efecto somnífero. Además, como los indígenas antillanos usaban el tabaco para marearse, resulta más verosímil que los conquistadores españoles hayan dado este nombre al producto, que es fabricado con hojas de las plantas solanáceas Nicotiana tabacum y Nicotiana rustica.



pagano
Pago, al menos en la acepción que nos ocupa, es una voz arcaica procedente del latín pagum que conserva por lo menos en el Río de la Plata, en Bolivia y en el Perú el significado de ‘lugar donde una persona nació o donde está arraigada’, o también con el sentido de ‘lugar o región, principalmente rural’. 
En una milonga de Manuel Fama, que se hizo célebre en el Río de la Plata interpretada por la orquesta de Juan D‘Arienzo, se cantaba: 
Soy del pago de Areco, 
tierra de Segundo Sombra, 
la paisanada me nombra, 
y en el fogón se oye el eco, 
soy canto de una raza, 
canción de Santos Vega,
como jirón que llega,
pialando baguales,
soy potro redomón.
Pensemos por un momento en el ocaso del Imperio Romano y en la Alta Edad Media, cuando las personas nacían, vivían la vida entera y morían sin jamás haber salido de su pueblo. Cuando el cristianismo se extendió por el Imperio Romano, principalmente después de Constantino, que gobernó en el siglo iv de nuestra era, hubo pequeños poblados rurales -los pagos- adonde la nueva religión demoró siglos en llegar, de manera que sus habitantes, los paganos, no estaban bautizados. También hubo gente que huyó de las grandes ciudades y se refugió en los pagos para no verse obligada a adherirse al cristianismo.
Poco a poco, la palabra pagano fue cambiando de sentido para referirse no ya a los habitantes de los pagos sino a las personas que no eran bautizadas por el rito cristiano.



Ágape
Comida fraternal de carácter religioso entre los primeros cristianos, destinada a estrechar los lazos que los unían.
El sustantivo latino ágape se deriva del griego agape (amor, amistad, caridad), que los traductores de la Biblia al latín tradujeron como charitas (caridad). Los primeros cristianos usaban el plural, agapai, y después el latín ágape para designar las cenas litúrgicas fraternales orientadas hacia la unión de los asistentes y ayuda a los más necesitados, al igual que las comidas-reuniones religiosas judías denominadas haburot. 

Sin embargo, en poco tiempo los ágapes se convirtieron en fiestas dominadas por los excesos, que fueron condenados como tales por San Pablo y prohibidos por la Iglesia en el siglo IV. Fue con ese carácter que la palabra llegó al español, como sinónimo de banquete o comida abundante para celebrar algún acontecimiento.

En su libro Predicación del Evangelio en las Indias (1570), José de Acosta se refiere al ágape así:
"Esta fué, entre otras, la causa de que los apóstoles creasen los diáconos para que sirviesen la mesa de los pobres, y entonces floreció la costumbre del ágape que después languideció y no quedaron de ella sino vestigios, a fin de que no se consintiese haber ningún pobre entre los fieles". 



veterinario
Profesional legalmente habilitado para tratar las enfermedades de los animales. Los veterinarios cuidan de la salud de los animales, desde que éstos nacen hasta que mueren, pero no siempre ha sido así. En sus orígenes, los veterinarios se encargaban apenas de los animales viejos, como indica el nombre de la profesión que, al igual que palabras como vetusto o veterano, proviene del latín vetus (viejo) o vetulus (viejecillo). 
El Imperio Romano, que basaba su poder en la fuerza de las armas, cuidaba muy bien de los soldados que se retiraban por edad, los veteranos, que contaban con numerosos privilegios, tales como la concesión de la ciudadanía romana y el otorgamiento de tierras. Era una manera de hacer sentir a los jóvenes reclutas que valía la pena enrolarse en las legiones del Imperio. 
Y así como un soldado viejo ya no sirve para la guerra, lo mismo ocurría con los caballos viejos, los veterinus que, a diferencia de los veteranos no gozaban de privilegio alguno y eran destinados a la carga. Fernando Navarro, en su libro Parentescos Insólitos del Lenguaje, <mhtml:mid://00000030/<a>observa que en cierta época el plural femenino veterinae y el plural neutro veterina pasaron a ser usados para designar a estas bestias de carga. Las veterinae sufrían muchos achaques por su edad, por más que todavía fueran útiles a sus propietarios. Esta situación propició el surgimiento de un nuevo profesional encargado de cuidar la salud de las veterinae: el veterinarius. 
Fue mucho más tarde que estos profesionales ampliaron su campo de acción a otras especies animales y lo extendieron a todas las edades.



cisma
Esta palabra, verificada por primera vez en español en 1398, se refiere a una escisión en el seno de una religión o, por extensión, de un partido político. Fue tomada del bajo latín schisma, -atis, y éste del griego schisma, -atos (separación o hendimiento), voz derivada del griego schizein (partir, hender), con origen en el indoeuropeo skei- (cortar, separar), al igual que escisión, prescindir y otras muchas palabras. El griego schizein está también en el origen de esquizofrenia, literalmente, ‘división de la mente’, en alusión al hecho de que esta enfermedad mental se caracteriza, entre otros síntomas, por una doble personalidad.
La primera gran división del cristianismo, el Cisma de Oriente, ocurrió en 1054 con la separación de las Iglesias de Roma y Bizancio,y el segundo, el Cisma de Occidente, entre 1378 y 1417, período en el que hubo varios papas a la vez, unos con sede en Roma y otros en Aviñón (Francia). 
En 1495, en el Diccionario latino-español de Antonio de Nebrija se registró por primera vez en español el adjetivo cismático, que califica a aquellos que dejan de reconocer a una determinada autoridad religiosa.



candidato
Persona que pretende alguna dignidad, honor o cargo o propuesta para él, aunque no lo solicite.
Con la extensión de la democracia que se ha venido procesando desde la segunda mitad del siglo xviii, la palabra candidato es hoy harto conocida en toda la comunidad hispanohablante. No era así en el siglo xviii, como permite comprobar el Diccionario de autoridades, como se llamó la primera edición del Diccionario de la Real Academia Española (1729), que decía:
El que pretende y aspira o solicita conseguir alguna dignidad, cargo, ó empléo público honorífico. Es voz puramente Latina y de rarísimo uso. 
Candidato procede del latín candidatus (el que viste de blanco), derivado del verbo candere (‘ser blanco, brillar intensamente’), voz con la que se designaba en Roma a quienes se presentaban como aspirantes a cargos públicos. En el ritual político romano, los candidatos debían cambiar su habitual toga por una túnica blanca (candida) con la que se exhibían públicamente para manifestar la pureza y honradez que cabe esperar de los hombres públicos. 
Candere procede de la raíz indoeuropea kand- o kend- (brillar), de la cual se han derivado palabras tales como ‘candelabro’, ‘candente’, ‘candela’, ‘cándido’, ‘incandescente’, ‘incendio’, etc.
Ningún derivado de candidus llegó hasta nosotros con significado directamente alusivo al color blanco, pero la blancura deslumbrante que la palabra latina candor expresaba en la lengua de los césares se mantuvo en el español ‘candor’ con el sentido de ‘sinceridad, sencillez y pureza de ánimo’ que la palabra también tenía en latín. El Diccionario de la Real Academia Española menciona el sentido de ‘blancura’ como acepción de ‘candor’, pero en la práctica esta palabra es muy poco usada con ese sentido.
Las velas, candelas o cirios eran llamados en latín candela, en alusión al brillo que provenía del calor; de ahí la palabra candente que en latín significaba ‘blanco o brillante como consecuencia del calor’, y la castellana ‘incandescente’.



carnero
Este nombre se aplica al macho de la especie ovina, pero los romanos reservaban el nombre latino agnus carnarius (cordero de carne) para designar a los animales destinados a proporcionar carne (de caro, carnis).
De esta manera, los latinos distinguían a estos animales de los moruecos, esto es, de los ovinos machos destinados a la procreación, a los que llamaban aries. De este último vocablo (aries, arietis), se derivó ariete, una máquina militar que recuerda cómo los carneros machos luchan entre sí, golpeando sus cabezas. Cabe recordar que los primeros arietes, usados para derribar portones y murallas, llevaban en su extremo una cabeza de carnero.


humor
El verbo latino umere significaba humedecer y estaba vinculado al sustantivo umor, que significaba ‘líquido, humedad’, pero que también designaba a los fluidos orgánicos: sangre, bilis, flema.
Durante la Antigüedad clásica y en la Edad Media, florecieron teorías según las cuales estos fluidos orgánicos o humores determinaban la salud del cuerpo y hasta el temperamento o el carácter de los individuos. Por esa razón, hasta hoy se llama en español ‘bilioso’ al sujeto destemplado y ‘sanguíneo’, al de temperamento impulsivo. (v. melancolía </palabra.php?q=melancolía>*).
Con base en estas antiguas teorías sobre los humores, en el siglo xvii los franceses empezaron a usar el término humeur para referirse a la manera de ser de las personas bromistas. La palabra pasó al inglés como humour con el mismo significado, pero en poco tiempo era usada con un matiz semántico algo diferente, como una forma hoy diríamos ‘bienhumorada’ de ver el mundo y las cosas. Acuñaron así la expresión sense of humour (sentido del humor) para referirse a la capacidad de un individuo de percibir lo ridículo, lo alegre o lo gracioso de las cosas y de las situaciones y de expresarlo en forma jocosa. 
En otras lenguas, humor se traduce al italiano como umore, al francés como humeur, al portugués como humor y al alemán como Humor.

Libia
El nombre de este país, una de las partes del continente africano conocidas por los europeos en la Antigüedad, fue usado durante muchos siglos, junto con el de África </palabra.php?q=África>*, para designar a todo el Continente Negro, hasta que a fines del siglo xvi se impuso el de África.
Esta extensión, que hubiera encantado al coronel Gadafi, venía desde los tiempos del historiador griego Herodoto, quien llamaba Libia a toda el África conocida, y afirmaba que su nombre provenía de alguna mujer mítica, como los de Asia </palabra.php?q=Asia>* y Europa </palabra.php?q=Europa>* .
No obstante, a medida que el África se iba tornando más conocida, y por ende menos amenazante, la región conocida como Libia se fue reduciendo a dimensiones muy semejantes a las actuales.
El escritor romano Marco Terencio Varrón, que vivió en el siglo ii antes de nuestra era, afirmaba que el nombre de Libia se derivaba del griego Libis (viento austral), pero otros opinaron que provenía del nombre de un pueblo que vivía al oeste de Egipto, llamado en hebreo lubim, según los textos bíblicos.



nadie, nada
Ambas palabras se derivan de dos formas del participio pasivo del verbo latino nasci (nacer): nadie, del participio plural nati, y nada, del femenino singular nata.
Veamos el primer caso: nadie proviene de la locución latina homines nati non fecerunt, que literalmente significaba ‘personas nacidas no lo hicieron’ o, más propiamente, ‘nadie lo hizo’. Aparece registrado en español bajo la forma nadi desde el Cantar de Mio Cid y Berceo, usado sólo en frases negativas como nadi no lo hicieron, como figura en muchos casos hasta fines del siglo xv. En el Poema de Mío Cid se lee: No lo dizen a nadi e finco esta razon.
Posteriormente evolucionó hacia naid y naide, considerado como un vulgarismo, aunque fue usado por Santa Teresa. «[...] que importa mucho que de sequedades ni de inquietud y destraimiento en los pensamientosnaide se apriete ni aflija» (Santa Teresa de Jesús Su vida). Corominas señala que «como reacción contra el vulgarismo» pasó a usarse nadie.
Nada, por su parte, se derivó de la expresión latina res nata (cosa nacida), que pasó al castellano como ‘nada cosa’ y, posteriormente, nada. Corominas observa que expresiones como ‘no hizo nada cosa’ se utilizan hasta hoy en el castellano hablado en los estados norteamericanos de Colorado y Nuevo México, rico en expresiones consideradas arcaicas por el resto de la comunidad hispanohablante.



galopar
El verbo que denota el andar rápido de un caballo no nos llegó del latín, pero, más antiguo que los romanos, recorrió un largo camino desde la prehistoria hasta nuestros días. El rastro más remoto que se conoce de galopar aparece en la raíz indoeuropea hlaupan, que dejó en noruego antiguo hlaupa, con el sentido de 'saltar'. En el reino de los francos, quienes habitaron la Galia luego de la descomposición del Imperio Romano, esta palabra significaba 'correr' y se unió con wala (bien) para formar el compuesto walahlaupan ('correr bien').
A partir de walahlaupan, en la lengua del sur de Francia se formó waloper, que alguno siglos más tarde daría lugar al verbo francés galoper (galopar) y al sustantivo galop, que ya aparecía en La canción de Rolando, hacia 1080. Esta última palabra daría lugar en español a galope, hacia mediados del siglo XIII y a galopear (más tarde galopar)... pero esto sólo unos tres siglos después.



izquierda
Una de las palabras más antiguas de nuestro idioma, anterior no sólo al español sino al propio latín, pues se supone que provenga de una lengua ibérica de la región de los Pirineos, anterior a la llegada de los romanos.
En español aparece registrada de 1117 como exquerdo, coincide con el portugués esquerdo, con el gascón esquerr o querr, con esquer, esquerra en la lengua provenzal de Oc y con ezquerr en vasco.
Izquierda no se refiere sólo a uno de los lados del cuerpo, el siniestro u opuesto al derecho, sino también al conjunto de las tendencias políticas generalmente calificadas como “progresistas” o como “radicales”. Esta última acepción se debe a que, en la Asamblea Constituyente que se formó en Francia después de la Revolución Francesa, los constituyentes más radicales, los jacobinos, que propugnaban la transformación de la monarquía constitucional en una república federal, se sentaban en el ala izquierda del hemiciclo legislativo.



sibarita
Síbaris era una antigua ciudad griega situada sobre el golfo de Tarento, cerca de la actual Corigliano, al sur de Italia. En cierta época, fue un floreciente centro industrial, llegando a ser la ciudad griega de Occidente más importante. Sus habitantes tenían fama de ser muy ricos, refinados y de vivir dedicados al placer, a tal punto que el gentilicio sybarités (sibarita), se convirtió en sinónimo de ‘buscador de placer’ y de ‘depravado’.
El término sibarita se formó en castellano desde el griego sybrites, el gentilicio de Síbaris, a través del latín sibarita.
La Real Academia registra el uso de sibarita desde 1817 como mero gentilicio. y, a partir de 1884, también incluye el de ‘Muy dado á regalos y placeres’. 
Actualmente, en nuestra lengua, al igual que en inglés, la palabra tiene una connotación menos negativa que en el griego clásico, pues se refiere a una persona ‘refinada y dada a los placeres’.



eco
Una historia de amores no correspondidos nos lleva al origen de esta antiquísima palabra, que llegó al castellano intacta tras cruzar continentes y civilizaciones durante casi treinta siglos desde la antigua Grecia hasta nuestros días (v.pánico </palabra.php?q=pánico>*, narcisismo </palabra.php?q=narcisismo>*). 
Eco era la ninfa de los bosques y las fuentes, amada por el lascivo Pan, el dios de los pastores y de los rebaños. La ninfa no correspondía a la pasión del dios flautista, pues amaba -también en vano- al bello Narciso, quien, a su vez, sólo se amaba a sí mismo. Un día finalmente se encontraron y Narciso la miró con tanto desprecio que Eco dejó de alimentarse y murió, para convertirse en una roca fría y dura, que desde el fondo de un valle repite hasta hoy las últimas palabras de cada cosa que allí se dice.
La palabra llegó al castellano proveniente del latín echo, y éste del griego eko (sonido). El primer documento en que aparece en nuestra lengua data de 1570, en el diccionario toscano y castellano de Cristóbal de las Casas.



ballena
Según San Isidoro de Sevilla, proviene del griego bállein (lanzar), en alusión a su peculiar surtidor. Para etimólogos posteriores, se trata de una palabra que nos ha llegado a través del latín ballaena (ballena), desde el griego falaina (ballena), lengua en la que la partícula fal- forma parte de diversas palabras referidas a formas cilíndricas o hinchadas, como es la de las ballenas y también en el griego fallós (falo).
Del latín ballaena se ha derivado el francés baleine, el portugués baleia y el italiano balena; mientras que para el inglés whale y el alemán Wal se afirma que ambos proceden de la raíz indoeuropea bhel- (soplar, hincharse).
Hasta el siglo xv, se usó también la grafía vallena yasí aparece también en el diccionario de Nebrija, de 1495 (Vallena dela mar) y en el de Covarrubias, de 1611.
Las ballenas son mamíferos cetáceos adaptados a la vida marina. La ballena azul o rorcual puede alcanzar los 33 metros de largo y un peso de 200 toneladas, lo que hace de ella el animal más grande que puebla la Tierra. Tienen el sentido del oído muy desarrollado, por lo que son capaces de captar a gran distancia sonidos emitidos por otros miembros de su especie. La mayoría de las casi cuarenta especies de ballenas existentes carecen de dientes y en su lugar poseen unas varillas denominadas barbas o ballenas, que antes de la aparición del plástico y el acero eran usadas en corsetería. El peculiar chorro de agua que parecen lanzar por las fosas nasales llega a alcanzar los seis metros de altura. Pueden mantenerse en inmersión hasta cincuenta minutos y alcanzar 460 metros de profundidad. Ante el inminente peligro de extinción, en 1986 entró en vigor una moratoria internacional de caza de ballenas.



embajada
Esta palabra denomina tanto el cargo de embajador, como su residencia, sus oficinas y el conjunto de empleados que tiene a sus órdenes. 
Voz de origen celta, como revela el vocablo anbótt (‘criada’, en islandés antiguo). Esta palabra hizo un largo recorrido hasta llegar a nuestra lengua: fue tomada por el bajo latín ambactia (encargo), de donde pasó al gótico andbahti (empleo, servicio), luego al galo ambactus (servidor), de donde se derivó a la lengua provenzal de Oc para formar ambaissar (cumplir un encargo) y, luego, ambaissada (encargo y más tarde, embajada). Debido al peso que la diplomacia francesa tuvo en Europa, el vocablo fue recogido también por varias lenguas europeas: el portugués, embaixada; el inglés, embassy; el italiano, ambasciata y, por supuesto, el francés ambassade.
Algunos autores señalan un supuesto origen italiano, pero Corominas sólo admite la influencia semántica (en el significado) de esa lengua debido a la idea de ‘mensaje de un soberano’, surgida en las cortes italianas, principalmente en la de Venecia.



abrojo
Se trata de una planta silvestre cuyo fruto tiene forma esférica y está armado con fuertes púas que suelen lastimar los pies de los campesinos que caminan descalzos por el campo.
En la Antigüedad, usar calzado era un lujo que sólo podían darse los ricos o los que, por lo menos, disfrutaban de alguna holgura financiera. Esto es verdad aún hoy en muchos países, donde las enfermedades que se trasmiten por heridas abiertas en los pies son comunes en las zonas rurales.
En el Imperio Romano, los campesinos que vivían en zonas en las que abundaban los abrojos recibían la advertencia ‘aperi oculos’ (abre los ojos), quizás no tanto por preocupación por la salud de los labriegos como por temor de los propietarios rurales de verse privados de mano de obra barata.
Con el tiempo, el español abrevió la advertencia de ‘aperi oculos’ a un más simple abrojo.



piscina
Esta palabra llegó sin variaciones desde el latín clásico hasta el castellano, el catalán, el portugués y el italiano, entre otras numerosas lenguas romances, mientras que en francés se adaptó a piscine. La voz latina proviene de piscis (pez), de donde se derivaron también vocablos como pez, pesca, piscifactoría, piscina, pisciforme, y el signo zodiacal de Piscis, entre muchos otros.
En la Roma de los Césares, la piscina era el lugar para tener peces y para nadar, aunque también se dio ese nombre al lugar para lavar el ganado, que en griego se denominaba probatikós. 
Esta última acepción también llegó al español, al punto que en textos antiguos es frecuente encontrar la expresión ‘piscina probática’ como, por ejemplo, en Gran Conquista de Ultramar (siglo xiii): 
[...] estan defuera venia agua por caños so tierra & caya en dos pesqueras muy grandes que estan cerca del templo: & la vna ay esta avn & dizenle probatica piscina en que solian lauar las carnes delos ganados que querian sacrificar & por esso dixeron a aquella pesquera probatica porque probatica tanto [...]. 
En los monasterios medievales, la piscina era el lugar donde los monjes criaban peces para su alimentación, pero también solían nadar en ella. En el Vocabulario eclesiástico (1499), de Rodrigo Fernández de Santaella se lee:
Y esta alberca se llamo natatoria por contrario. porque tenia tan poca agua que no era abile a nadar. E piscina tanbien por contrario. porque no tenia peces segun algunos. 
En algunos países hispanohablantes se suele usar más pileta y alberca que piscina.



barniz
Ptolomeo III,uno de los últimos reyes de Egipto, de origen macedonio, era llamado Evergetes (el Bienhechor). Tras casarse con Berenice, la hija del rey de Cirene, logró unir ambos países y desencadenó una guerra victoriosa contra el reino de los Seléucidas en Siria, al cabo de la cual Egipto quedó en el apogeo de su poder, mientras internamente era estable y próspero.
Cuando Ptolomeo partió hacia la guerra contra Siria, Berenice entregó sus cabellos en ofrenda a los dioses para que lo protegieran y, según un poeta griego, la cabellera de la reina fue depositada en el cielo donde formó la constelación que se llamó Coma Berenices (Cabellera de Berenice).
Para agradecer la ofrenda de su mujer, Ptolomeo dio el nombre de Berenice a la ciudad portuaria griega de Hespérides, situada en el noreste de Libia, hoy Bengazi. 
Años más tarde, se desarrolló en esa ciudad un floreciente comercio de esmaltes que se tornaron famosos en el Mediterráneo debido al brillo especial que poseían. Los mercaderes vendían estos esmaltes con el nombre de la ciudad donde eran fabricados: Berenice. En Roma, que todavía estaba en marcha hacia su apogeo, el berenice se llamó bernix y este nombre perduró en italiano como vernice, en francés como vernis, en portugués como verniz y, en español, como barniz.



utopía
En 1516, el humanista y político inglés Tomás Moro publicó en latín un ensayo político titulado Libellus vere aureus nec minus salutaris quam festivus de optimo reipublicae statu de que nova insula Utopia, más conocido por Utopía, en el cual criticaba el sistema político británico del rey Enrique VIII, y todos los que regían en esa época en Europa.
En esta obra, Moro describía una isla ideal con ese nombre en la que reinaba la paz y la armonía y todos los seres humanos se realizaban como tales.
El nombre de la isla se formó mediante la palabra griega topos (lugar), a la que se antepuso el prefijo privativo griego ou-, de modo que significaba algo así como ‘ningún lugar’ o ‘lugar inexistente’.
En el siglo xix, el filósofo marxista alemán Friedrich Engels (1820-1895) retomó esta palabra para designar los sistemas políticos ideados por los primeros socialistas, cuya concreción él juzgaba inviable en la práctica. Engels describió el ‘socialismo utópico’ de Owen, Saint-Simon y Fourier para contraponerlo al ‘socialismo científico’ preconizado por Marx y por él.
Hoy usamos utopía para referirnos a un sueño o proyecto que resulta irrealizable en la práctica.



paz
La paz es una de las aspiraciones más antiguas de la Humanidad, que desde el comienzo de los tiempos suele dar ese nombre a los períodos generalmente breves que transcurren entre dos guerras. El vocablo en español proviene del latín pax, pacis y aparecía en nuestra lengua ya en el Poema de Mío Cid, que data de 1040. Es palabra común a todas las lenguas romances: en francés, paix; en italiano, pace; en portugués paz, y en otras lenguas como el inglés peace. 
Paz está también en el origen de pacto, que proviene del latín pactum, y que en esa lengua era el participio pasivo de pascisci (firmar la paz). En latín, pactare significaba también pagar un tributo, que es la obligación que suele tocar a los vencidos al cabo de una guerra. En castellano antiguo, pechar significaba pagar un tributo y en el Río de la Plata se usa hasta hoy con el sentido de ‘pedir dinero prestado’.
Apaciguar se encuentra ya en el siglo xiii, pero en el siglo xvii hay algunos textos con apazguar, apazguado, que se cruza con pacato para dar como resultado pazguato (tonto, lerdo) y, en el Río de la Plata y Venezuela, pajuato, con el mismo significado.



exorcismo
Llámase así al ritual religioso dirigido a alejar los demonios que supuestamente se alojan en el cuerpo de un poseído.
En los años setenta, esta palabra se tornó familiar a un gran número de personas, merced al éxito del filme El exorcista, con Linda Blair en el papel de una niña de doce años poseída por el demonio.
Aunque se trata de un vocablo que hoy es menos común que un siglo atrás, exorcismo denomina un ritual que es relativamente familiar a los católicos más devotos. Proviene del latín tardío exorcismus, y éste, del griego exorkizó (tomar juramento en nombre de Dios, derivada de hórkos [juramento]).
Antes del estreno de la película arriba mencionada, voces como exorcismo y exorcista se usaron poco en el español del siglo xx, en la medida en que la noción del demonio se fue apartando de la vida cotidiana de la gente, principalmente en las grandes ciudades.



murciélago
No todos los murciélagos son ciegos, apenas los de la especie Rousettus, pero casi todas las variedades de este quiróptero están dotadas de la habilidad de orientarse por el sonido, como una especie de radar acústico, que en inglés se llama bat sonar y en español ecolocación. 
Sin embargo, antiguamente predominaba la creencia de que todos ellos eran ciegos, como demuestra el origen de esta palabra: una metátesis del original murciégalo, formado por la expresión del castellano antiguo mur cego (ratón ciego), derivada del latín mus, muris (ratón) y caeculus, diminutivo de caecus (ciego).
Las 900 especies de murciélagos están formadas por los únicos mamíferos dotados de la capacidad de volar que, unida al sentido de ecolocación, dio origen desde la Antigüedad a fantásticas leyendas que surgieron en Siria y Babilonia y que durante la Edad Media prosperaron en algunos países de Europa oriental, hasta ser finalmente recogidas por el irlandés Bram Stoker en su novela Drácula (1897), en la que adquirió su forma contemporánea el mito de los vampiros (del serbocroata y húngaro vampir), con el personaje del conde Drácula.



mueble
Mueble proviene del latín mobilis (móvil), forma sincopada de movibilis, del verbo movere (mover), derivado del indoeuropeo meu- (empujar lejos, mover de un lugar).
Esta palabra aparece registrada en español ya en 1030, aunque en distintas épocas pueden hallarse las grafías muebele (1084) y muebre (1250) con el sentido de bienes que pueden ser movidos, trasladados de un lugar a otro, a diferencia de las tierras y viviendas, que más tarde se llamarían inmuebles.
En los documentos jurídicos medievales, que se escribían en latín, se llamaba res mobilis (cosas muebles o móviles) a todos los bienes patrimoniales que pudieran ser trasladados, de modo que eran ‘muebles’ tanto los artefactos domésticos como alhajas, obras de arte y cualesquier objetos de valor que no formaran parte de la propiedad territorial.
Con el tiempo, la palabra fue perdiendo su especificidad jurídica y adquiriendo poco a poco su significado actual, correspondiente al portugués móveis, al francés meubles¸ al inglés furniture y al alemán Moebel.



proteína
Cuando el químico holandés Gerardus Johannis Mulder (1802-1880) descubrió en 1838 que ciertas sustancias derivadas de los aminoácidos constituían la materia básica del organismo de plantas y animales, las llamó proteínas, término ideado por el químico sueco Berzelius (1779-1848),quien lo tomó del griego proteios (primario, primigenio, primero), derivado de protos (primero), con origen en el indoeuropeo per- (hacia, a través). Protos está en el nombre de numerosas palabras de nuestra lengua, tales como protagonista, protoplasma, protón, etc.
El adjetivo que corresponde a proteína es proteínico, que no debe ser reemplazado por proteico, que significa ‘cambiante’, en recuerdo del dios marino Proteo, a quien los griegos atribuían el poder de cambiar de forma.



zaguero
Los grandes astros del fútbol son los delanteros, que hacen temblar estadios enteros con la magia de sus goles, pero después de algunos años, poca gente recuerda a los zagueros, esos imprescindibles jugadores de defensa. A pesar de que algunos de ellos hayan pasado a la historia, como José Santamaría y Djalma Santos, lo cierto es que su función, aunque no sea menos importante, carece de la espectacularidad del juego de los goleadores, responsables de la grandes emociones de los estadios.
Zaguero toma su nombre de zaga, palabra con la que se denomina la ‘retaguardia o parte trasera de algo’ y proviene del árabe hispánico saqa, que a su vez se derivó del árabe clásico saqah (retaguardia).