Anécdotas


La velocidad con la que Euler elaboraba trabajos matemáticos es legendaria. Cuando finalizaba un artículo se lo enviaba al editor de las actas de la Academia de San Petersburgo. Este lo colocaba en lo alto de un montón al que después acudía cuando necesitaba material para llenar las actas, de modo que los artículos de Euler muchas veces se publicaron en orden inverso al de elaboración.


Al desembarcar en Calais el escritor Chesterton tuvo una conversación con un tabernero francés. Este se quejó de la cada vez mayor falta de libertad del país y concluyó diciéndole : “Es lamentable haber hecho tres revoluciones para volver a caer sobre el mismo lugar”. Chesterton le contestó que una revolución, en el sentido propio del término, es el movimiento del móvil que recorre una curva cerrada y vuelve así al punto de partida...


Bertrand Russell cuenta los siguiente: "Una vez recibí una carta de un lógico eminente, la señora Christine Ladd Franklin, diciendo que ella era solipsista y mostrándose sorprendida de que no hubiera otros solipsistas. Viniendo de un lógico, esta sorpresa me sorprendió". 


Thales de Mileto era mercader y viajó por Egipto, donde había entrado en contacto con escribas y calculistas de la época, de los que aprendió matemáticas, con sus realizaciones prácticas y sus vinculaciones con la astronomía, la religión y la magia. Se cuenta que comparando la sombra de un bastón y la sombra de las pirámides, Thales pudo pedir la altura de estas fantásticas construcciones.. Se le atribuye la predicción de un eclipse de sol en 585 a.C. Un día paseaba por el campo acompañado de una sirvienta. Tan absorto iba en sus pensamientos que no vio un pozo ante él y cayó dentro. Su criada no pudo contener la risa pensando en que aquel hombre tan sabio, capaz de predecir el movimiento de los astros, no era capaz de ver un agujero delante de sus pies. 


Laplace fue ministro del interior de Napoleón Bonaparte aunque sólo estuviese en el cargo alrededor de un mes. Cuentan las malas lenguas que cuando le entregaron a Napoleón un ejemplar de la Mecánica Celeste en el que Laplace describía el sistema del Universo, le dijeron que en ninguna parte del libro se nombraba a Dios.
Napoleón, amigo de preguntas embarazosas, le comentó a Laplace:
- Habéis escrito un libro sobre el sistema del Universo y en ninguna parte aparece el nombre de su Creador.
A lo que Laplace contestó:
- En ningún momento tuve necesidad de esa hipótesis. 


Una vez le enviaron a Cauchy un artículo que pretendía demostrar que x3 + y3 + z3 = t3 no tenía soluciones enteras. Cauchy devolvió el manuscrito con una simple nota en la que se podía leer: 33 + 43 + 53 = 63.


En uno de los seminarios que impartía el matemático español Rey Pastor (1888-1962) respondió a una cuestión sobre el infinito con estas palabras: “Para mí, el infinito comienza a partir de mil pesetas”.


 

En cierta ocasión Einstein (1879-1955) elogió a  Charles Chaplin, Charlot, con estas palabras:

- Lo que siempre he admirado de usted es que su arte es universal; todo el mundo le comprende y le admira.

Chaplin le replicó:

- Lo suyo es mucho más digno de respeto; todo el mundo le admira y prácticamente nadie le comprende.

 


 

Un día David Hilbert (1862-1943) recibió en su casa a un profesor de otra universidad. Éste se quitó el sombrero y se sentó. Al cabo de unos minutos, Hilbert, considerando que la conversación ya había durado demasiado, se levantó y poniéndose el sombrero de su invitado, se despidió cortésmente y se marchó de su propia casa.

 


En cierta ocasión Bertrand Russel (1872-1970) estaba especulando sobre enunciados condicionales del tipo : "Si llueve las calles están mojadas" y afirmaba que de un enunciado falso se puede deducir cualquier cosa. Alguien que le escuchaba le interrumpió con la siguiente pregunta : "Quiere usted decir que si aceptamos que 2 + 2 = 5 entonces se puede demostrar que usted es el Papa". Russel contestó afirmativamente y procedió a demostrarlo de la siguiente manera :

"Si suponemos que 2 + 2 = 5, entonces restando 2 en cada miembro obtenemos 2 = 3. Invirtiendo la igualdad y restando 1 de cada lado, da 2 = 1. Ahora, como el Papa y yo somos dos, y 2 = 1, entonces el Papa y yo somos uno, luego yo soy el Papa"


Al matemático húngaro-americano John von Neumann (1903-1957) le propusieron una vez el siguiente problema:

   
Dos trenes separados por una distancia de 200 km se mueven el uno hacia el otro a una velocidad de 50 km/h. Una mosca partiendo del frente de uno de ellos vuela hacia el otro a una velocidad de 75 km/h. La mosca al llegar al segundo tren regresa al primero y así continúa su recorrido de uno a otro hasta que ambos trenes chocan. ¿Cuál es la distancia total recorrida por la mosca?

Neuman respondió inmediatamente: "150 km"
"Es muy extraño", dijo el que se lo había propuesto, "todo el mundo trata de sumar la serie infinita".
"No entiendo por que lo dice" -le contesto Neumann. "¡Así es como lo he hecho!"


[La manera fácil de hacerlo es tener en cuenta que los trenes se encuentran después de recorrer 100 km. El tiempo transcurrido será de 2 h = (100 km)/(50 km/h). Por tanto la mosca habrá recorrido (75 km/h) * 2 h = 150 km]


Sonia Kovalevskaya: Un día, el profesor Weierstrass se quedó muy sorprendido cuando una joven señorita se presento ante él pidiendo ser admitida como alumna suya de matemáticas. En la Universidad de Berlín no estaba permitida la presencia de mujeres; el ardiente deseo de Sonia por aprender de quién era considerado como el padre del análisis matemático moderno la llevó a pedir al maestro que le diese clases particulares.
El profesor Weierstrass sintió cierta desconfianza por esta desconocida solicitante, pero prometió darle una oportunidad y, como prueba de ello, le entregó algunos de los problemas que tenía preparados para los alumnos más avanzados de su seminario de matemáticas. Estaba convencido que la muchacha no podría resolverlos y no volvería por allí, así que se olvidó de ella. Una semana más tarde, la muchacha llamaba de nuevo a su puerta para comunicarle que ya había resuelto los problemas. Él no la creyó, pero la invitó a sentarse a su lado para poder examinar las soluciones una a una. Con gran sorpresa comprobó que no sólo eran correctos todos los resultados, sino que, además, la forma de resolverlos había sido aguda e ingeniosa. Pese a los problemas que tuvo por ser mujer en aquella época, publicó numerosos trabajos de gran importancia, y llegó a obtener el título de Doctor en Matemáticas, siendo la primera mujer de la historia en conseguirlo.


G. H. Hardy se disponía a volver a Inglaterra desde Dinamarca. El viaje debía hacerlo en barco y hacía un tiempo bastante desapacible. Decidió entonces enviar una tarjeta postal por adelantado diciendo: "He demostrado la hipótesis de Riemann", que era entonces, y sigue siendo (en 2005) , uno de los problemas sin resolver más importantes de las matemáticas. Desde luego Hardy no había resuelto el problema, pero pensaba (a pesar de que no era muy creyente), que Dios no permitiría que el barco se hundiese  y quedara la duda de si había conseguido tan gran hazaña.


   El físico Freeman Dyson cuenta siempre la famosa conversación que mantuvieron el astrónomo James Jeans y el topólogo Oswald Veblen el la primera década del siglo XX acerca del plan de estudios de Princeton. "Podríamos suprimir la teoría de conjuntos -dijo Jeans; es una materia que jamás será útil para la física". Resulta que la teoría de conjuntos ha sido esencial para el estudio de la mecánica cuántica.


    En la Universidad de Göttingen hay un cofre que contiene un manuscrito en el que se expone la construcción, usando tan sólo regla y compás, de un polígono regular de 65.537 lados. Solamente pueden construirse polígonos regulares de número primo de lados por el procedimiento clásico cuando el número de lados sea un primo de un tipo especial que se conocen con el nombre de números primos de Fermat; esto es, números primos que puedan expresarse en la forma: 2^(2n)+1. Tan solo se conocen cinco números primos de este tipo: 3, 5, 17, 257 y 65.537. En opinión de Coxeter, el pobre matemático que consiguió construir el 65.537-gono, debió invertir en ello unos diez años. Se ignora si existe un polígono con un número primo de lados mayor que el anterior que pueda ser construido a priori con regla y compás. Si tal polígono existe su construcción efectiva está fuera de la cuestión, pues su número de lados sería astronómico.


 


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