Benjamín Palencia
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El nombre de Benjamín Palencia (Barrax, Albacete, 1894 - Madrid 1980) está ligado a los orígenes de la vanguardia en España. Fundador de la escuela de Vallecas, fue el artista renovador del paisaje castellano.
En 1925 forma participa en la Exposición de la Sociedad
de Artistas ibéricos en el Palacio del Retiro de Madrid, uno de los
acontecimientos clave para el arte español en la primera mitad del siglo
XX. En esta muestra cosechará un gran éxito de crítica, consolidándose
como parte esencial de la vanguardia del momento. Los bodegones y las
naturalezas muertas que Palencia realiza durante estos años muestran
reminiscencias cubistas; no obstante, esta tendencia hacia la
geometrización se combinará con signos inequívocos del nuevo realismo
que se estaba produciendo en la obra de numerosos artistas adscritos a las
primeras vanguardias y se conoce como "retorno al orden". Es a partir de su estancia en París cuando la obra de
Palencia adquiere tintes surrealistas, mostrando progresivamente una mayor
libertad expresiva. En la capital francesa comparte estudio con Pancho
Cossío y se relaciona con los integrantes de la denominada Escuela
Española de París y todos aquellos artistas vinculados a la revista
Cahiers d'Art y a los críticos Zervos y Tériade. El lenguaje depurado,
más próximo al concepto de "pintura pura", se vuelve ahora
más ágil y espontáneo gracias a la influencia del automatismo
surrealista. Benjamín Palencia se convierte así en uno de los máximos
representantes de esta corriente de "figuración lírica" que se
estaba gestando dentro de ese espíritu generalizado de vuelta al orden. En este punto, la obra de Benjamín Palencia llega a un estadio que podría calificarse ya de madurez. Abandona paulatinamente los bodegones en pos del paisaje castellano, realizando una magnífica síntesis entre tradición y vanguardia que llevará a sus máximas consecuencias en la "Escuela de Vallecas" surgida a partir de sus excursiones con el escultor Alberto Sánchez y una serie de jóvenes artistas y escritores. De este modo, Palencia se convierte en uno de los artífices del resurgimiento del paisaje castellano, intentando ponerlo en pie de igualdad con el arte que venía de París. Ahora el paisaje es representado con una estética próxima al surrealismo, a lo que se unirá una novedad: el empleo de materiales extraídos del propio paisaje, un tanto inusuales en la práctica pictórica hasta el momento, por lo que se ha calificado de "surrealismo telúrico".
En 1930 viaja a Italia, donde podrá contemplar las
obras de las grandes figuras del arte italiano: Giotto, Paolo Ucello,
Piero de la Francesca, Rafael, Miguel Ángel, Tiziano o Tintoretto. En los años previos a la Guerra Civil, Palencia colabora como director artístico en el grupo de teatro "La Barraca", para el cual diseñará el famoso anagrama de la rueda de carro y la máscara, así como algunos decorados y figurines. Durante la contienda bélica, permanece en Madrid. A partir de estos años se vuelca en la pintura de paisaje, reiniciando una segunda Escuela de Vallecas. Sus paisajes continúan siendo un argumento para subjetivizar los valores plásticos y comienzan a mostrar una tendencia de corte tradicional hacia una plástica menos experimental. Se irá alejando de las experiencias vanguardistas, si bien seguirá trabajando en alguno de los aspectos que caracterizaron su primera etapa, sin abandonar nunca esa síntesis entre tradición y modernidad que constituyó la esencia de toda su creación. Poco a poco el color se va encareciendo, la paleta se vuelve más intensa y potente, con un colorido impresionista de formas con mayor volumen y mucha luz. En sus paisajes el cielo refleja sus luces y sombras sobre los pardos terrenos, con gran preocupación por los aspectos lumínicos. Durante esta segunda gran etapa de su vida, Benjamín
Palencia llevará a cabo numerosas exposiciones dentro y fuera del país,
con continuas salidas al campo, donde narraba sus métodos "en
directo" a los que tuvimos el privilegio de acompañarlo, sucediéndose los homenajes y el reconocimiento público a
su larga carrera. En 1974 ingresa en la Academia de Bellas Artes de San
Fernando y, unos años después, formará parte de la de San Jorge de
Barcelona. Finalmente, recién inaugurada la que será su última
exposición en la Galería Biosca de Madrid, Benjamín Palencia muere un
16 de enero de 1980, con ochenta y cinco años de edad, a lo largo de los
cuales trabajó sin cesar, dejando una obra compuesta por cientos de
dibujos y pinturas que conforman uno de los capítulos más sobresalientes
de nuestro legado contemporáneo. |