JACOBO SANJURJO BIURRUN

¿ De dónde es una persona? A mi entender el lugar de nacimiento es una circunstancia, donde se vive es consecuencia de otro cúmulo de circunstancias. Hay quien lo soluciona diciendo que es ciudadano del mundo, otros se dicen apátridas. En mi caso si tuviera que responder a esa pregunta diría uno es de donde quiere ser, de donde se siente a gusto, de donde tiene los mejores recuerdos, de donde se emociona cuando ve sus paisajes, de donde son algunos de sus mejores amigos, de donde son sus autores favoritos. Para mí ese lugar es Castilla.

Mis primeros contactos con Castilla son literarios, sobre todo don Antonio Machado. Mis primeras imágenes de Castilla son las que surgen de los versos de Machado: "estos chopos del río, que acompañan con el sonido de sus hojas secas el son del agua, cuando el viento sopla...", "ariscos pedregales, calvas sierras, caminos blancos y álamos del río...", "Castilla, de largos ríos, tiene un puñado de sierras entre Soria y Burgos como reductos de fortaleza, como yelmos crestonados, y Urbión es una cimera.", "el Duero corre, terso y mudo, mansamente. El campo parece, más que joven, adolescente. Entre las hierbas alguna humilde flor ha nacido, azul o blanca. ¡Belleza del campo apenas florido, y mística primavera!...", "a la desierta plaza conduce un laberinto de callejas. A un lado, el viejo paredón sombrío de una ruinosa iglesia..."

Después, como al poeta ("mi juventud, veinte años, en tierras de Castilla"), el amor me llevó a las orillas del Duero. Reconocí paisajes nunca vistos y conocí muchos otros, descubrí el milagro de las estaciones de las que el poeta también me había hablado ("con las lluvias de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le han salido...otro milagro de la primavera."). El misterio de las nieblas en las frías noches de invierno, la sorpresa de la primavera en los primeros brotes de los más atrevidos, la quietud de las tardes de verano y el agrado con que se recibían las noches, las luces y los colores del otoño. Probablemente sea en Castilla donde mejor se perciben las estaciones y, por eso no entiendo a aquellos que relacionan Castilla con la monotonía, con la uniformidad. No, esa no es mi Castilla.

Me resulta difícil elegir un itinerario por tierras castellanas, ¡hay tantos! Por eso he optado por proponer sensaciones que te provocan lugares, momentos, pueblos, iglesias, paisajes que sirvan de ejemplo de lo que para mí es Castilla.

Hay quien dice que lo que mejor se recuerda son los olores. Todos los aromas son más intensos en Castilla. Por ejemplo, cómo huele después de un chaparrón de verano, el olor a tierra mojada y ese aire cargado de ozono. Los aromas que te llegan cuando paseas por el campo castellano (espliego, tomillo, manzanilla, romero, enebro...).

El contemplar la inmensidad de las llanuras desde un pequeño altozano. En primavera, después del árido invierno, sorprende como reverdece en distintos matices con el trigo, la cebada o el centeno. En verano, a fuerza de horas y horas de abrasador sol, tiene un amarillo que parece que arde y pide a gritos la cosecha. En cualquier caso parece un cuadro impresionista moteado de rojas amapolas. Y si la brisa se levanta, se ondula y suena como si de un extraño mar se tratase (¿será que quiere recordar cuando lo fue...?) La luz cambiante del día y de las estaciones modifica el campo de tal manera que vas viendo un paisaje diferente de hora en hora y de día en día (¿es eso monotonía?).

Otro elemento que diferencia a Castilla son sus pueblos. Desde las capitales como Palencia, Burgos, Valladolid, Salamanca, Zamora hasta los pueblos abandonados dispersos por todo Castilla, tiene una misma sensación, son elegantes, limpios (quizá por el frío), con casas de piedra, a veces gris, pero casi siempre entre amarilla y ocre, y aquellas otras más pobres de adobe a las que se les sale la paja como si dijeran somos también naturaleza. Pasear por sus calles es sentir la soledad. Da igual en qué época del año, siempre están vacías. Sea por el frío, el calor o el trabajo es difícil ver a sus pobladores. El colmo es cuando llegas a uno de esos pueblos abandonados que, también son elegantes y limpios, y desde luego solitarios. En muchas ocasiones con casas señoriales, blasonadas con armas que ahora solo luchan con las zarzas que quieren invadirlas.

Por último quería hablar de los monumentos, pero hasta la palabra me parece inapropiada, porque me refiero no a las catedrales o palacios famosos, sino a las pequeñas joyas que se pueden descubrir escondidas por todo su territorio. Un puente, una pequeña iglesia, una ventana que resiste en un muro medio derruido, una casa solariega, una ermita perdida en mitad de la nada, el románico más increíble en un pueblo medio abandonado, sus castillos (sobre todo los derruidos, los que no se han tocado), en fin un sin número de huellas que el hombre ha dejado en esta tierra desde hace cientos de años (aunque podríamos utilizar otra unidad de tiempo y, entonces comenzar con Atapuerca).

Algunos nombres propios: Las tierras de Lara, con su joya más preciada, Quintanilla de las viñas.

Las tierras serranas con las iglesias de Vizcainos y Jaramillo de la fuente.

San Pedro de Arlanza, con su espectacular entorno.

Castillos como los de Castrillo de la Vega, Torregalindo, Peñaranda, Lara,... y tantos otros (¡estamos en Castilla!).

Por tierras del Pisuerga, Santa María de Sasamón y, algo más al norte Rebolledo de la Torre y en general el románico del norte de Palencia (Moarves, San Andrés de Arroyo, Santa María de Mave.)

En los alrededores de Sedano, Moradillo de Sedano, Gredilla, Pesquera, Ahedo de Butrón, Huidobro...

El valle de Mena con su joya, San Lorenzo de Vallejo

El valle de Losa, con la ermita de San Pantaleón.

La Bureba, con sus castillos

En la sierra de la Demanda, Pineda de la Sierra.

Todo el valle del Ebro, desde sus hermosos cañones hasta las Merindades con la joya de San Pedro de Tejada.

En cualquier caso, lo mejor es que cada uno descubra su Castilla. Coger el coche y salirse de las malditas autopistas e ir por carreteras cada vez más secundarias hasta acabar en caminos y, al final, ponerse las botas y andar. Porque ya lo dijo el poeta: "Caminante no hay camino, se hace camino al andar."

JACOBO SANJURJO BIURRUN
amigo, antes que nada.
Cántabro de origen y sosiego.
Castellanoandante de necesaria afición y nostalgia machadiana.
Entre la bruma mágica de Santoña
y la mies vitivinícola ribereña.