QUINTANA DEL PIDIO

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La cultura del vino

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En pleno centro de La Ribera del Duero, entorno al margen derecho del río Gromejón, está situado el municipio de Quintana del Pidio (Burgos); su privilegiada situación en una solana de pequeñas colinas y cerros poblados de robles y encinas que la protegen de los vientos del norte, hace que sus viñas aporten un producto de gran calidad.

    La presencia y cultivo de la vid en Quintana del Pidio y todo el entorno de La Ribera de Duero está documentada desde la antigüedad. Con la presencia de los romanos (siglo III antes de Cristo) se implanta la vid de forma estable, aunque ya los pueblos prerromanos de la comarca (vacceos y arévacos), cultivaban los viñedos. En la zona encontramos diversos testimonios que atestiguan estos datos; en la ciudad romana de Clunia se han hallado cerámicas, mosaicos y esculturas con diferentes motivos que aluden a la vid o el vino. En la villa romana de Baños de Valdearados, una villa o quinta de descanso de algún noble romano (posiblemente los restos romanos encontrados en Quintana estén relacionados con una villa de similares características) el motivo fundamental de uno de los mosaicos es el vino y su dios romano Baco.

Durante el periodo visigótico se extiende y arraiga el cultivo de la vid, en la ermita visigótica de Quintanilla de las Viñas, hojas y racimos son motivos que están presentes en sus decoraciones escultóricas.

Desde el siglo IX, pero fundamentalmente a partir del XI, con la consolidación de las fronteras en las márgenes del Duero y la repoblación de esta comarca, se inicia un cultivo extensivo y permanente de los viñedos. Son los monjes de Cluny, los cluniacenses, los que contribuyen decisivamente en la implantación de las viñas. El vino, en esta época, es fundamental para el autoabastecimiento de campesinos y monasterios.

Los artistas del románico nos dejaron numerosas muestras en las pequeñas iglesias de la zona, donde las escenas decorativas que aluden a la vid y el vino, hojas, racimos, vides, cubillos, están presentes en capiteles, canecillos y pinturas. Estas manifestaciones artísticas son una muestra muy clara y expresiva de lo que fue durante el periodo medieval una comunidad aldeana y campesina que subsistía gracias a la tierra.

En el año 1190 el rey Alfonso VIII concede a los monjes del monasterio de Silos la villa de Quintana del Pidio, que desde esta fecha pasa a ser un priorato del monasterio y una de sus posesiones más importantes y apreciadas, según nos dejan constancia numerosos documentos de la época, fundamentalmente por su producción vinícola, dada la importancia que para el monasterio tenía el vino en este periodo. A lo largo de la historia del monasterio son numerosas las referencias a los viñedos que los monjes poseen en Quintana. En el año 1312, un vecino de Roa, Pedro González, camarero mayor del rey Alfonso XI, dona al monasterio «todas las casas y heredades, viñas y huertos y todas las otras cosas que había comprado en Quintana del Pidio». En el Libro de las Rentas de la Abadía (año 1338) se indica con todo detalle lo que costaron las labores de las viñas, la vendimia y el transporte de las 400 cántaras de vino que ese año se llevaron los monjes desde Quintana al monasterio; en este mismo documento leemos: «Quintana D'Arpidio es todo logar nuestro e avemos heredamientos y viñas».

Tiempo de vendimia

Autor: Manuel Arandilla

Y algún día ceremoniosamente se abrirá la puerta
y me sacarás de mí pulverizando mi letargo
y me pondrás sobre el alféizar de tu ventana violeta
y pasearás beoda por mis recibidores
y verás mis translúcidos postres de aire
y olerás mis ácidos eclipses
y agitarás los laberintos de la ebriedad
y por fin empaparé tus ciegas cántaras
y medirás en tarjas mi infinitud
y me beberás a cacarela
y me beberás a chinguete sabiendo que tapizo el vacío de tu boca
y cantarás en las bacanales tabernas con tu clarete
                                        aire de cabaretera
y vendrás en otoño a Aranda de Duero
y conocerás al Corbetera
                   al Arroz
                   al Tío Pilili
                   al Tatarón
                   al Tasio
                   al Ologio el Patata
                   al Gildos
                   al Capitán el Mancurrín
                   al Cheripe...
                   que todavía siguen inventando la noche
                   y besan la madrugada
y me venderás como tu mejor vino
y te darán espliego como moneda
y buscarás la sombra de los chopos con mi bota en bandolera
y de las cantinas harás catedrales de bondad
y grabarás tu cruz secreta sobre el dintel de mi nacimiento
y pintarás con vino el paisaje del sonido
y saborearás el beso de mi urna amarga
y penetrarás en mi caverna de pámpano
y romperás las trémulas telarañas de mi edad
y consolaré el rito de tus penas
y emborracharás las letras de tu apodo
y te sentirás inmortal por tener sed
y de mi pentagrama goteará zumo de tormenta
y tragarás el tiempo hasta tu estómago
y quemarás las gavillas de mis deseos de invisibilidad
y escucharas mis voces bemoladas
y descubrirás por qué Don Antonio Machado conoció Soria
y aprenderás de memoria el Romance del Duero de Gerardo Diego
y con Rafael Alberti divisarás el mundo sobre un puente de luz
y comprenderás por qué El Empecinado ensanchaba El Duero
                         persiguiendo a los dragones
y hablarás con Federico García Lorca en Covarrubias de las palabras
                                maquilladas de fantasía
y visitarás Silos por su pasión de silencio
y cubrirás el sol de esta Ribera con tus pelos curvos
y destruirás las sucias paredes de tu habitación de niña
y ensuciarás de rojo tus obscenos demonios
y brotarán por tus poros cataratas de rosas
y enterrarás en un páramo la agonía de la espera
y jamás escribirás la carta de amor que ya he leído
y tirarás con mi arco blanco una flecha azul
y borrarás con tus rodillas el paso invisible de los vampiros
                                                                                     de aquí
y ayudarás a un zorro a montar en bicicleta
y leerás en voz alta los lunes
                               miércoles
                           y sábados de la última semana
                           de septiembre de cada año
                           a Gonzalo de Berceo
            y los martes y jueves a San Juan de la Cruz
            y los Domingos comerás con Neruda a las doce
y merendarás lechazo al pincho conmigo en Vadocondes
                        a las ocho de la tarde de cualquier día
y los viernes por la noche de todos los otoños del universo
                   dormirás en un barco en Zamora
y recitarás sin descanso los refranes del vino
y te costará recordar en qué manuscrito estaba la palabra agraz
y lavarás tus enaguas en las olas del Atlántico
y unirás dos puntos que no existen con una línea de crepúsculo
y brindarás con Noé en un viñedo de carretera por la vendimia
                                                         que viene
y se arparán tus cántaros de estofa en las Bodas de Caná
y vivirás conmivino para siempre
y darás gracias a Borges por el regalo de este verso:
             El sueño, ese pregusto de la muerte
y cerrarás los ojos sin saber cómo empieza una batalla
y amanecerás
y...

El autor y el poema

   

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