LA EXPROPIACION DE GRANADILLA

La expropiación se inició con el Decreto 27 de enero de 1950 por el que se declaran de urgencia las obras del "Pantano de Gabriel y Galán (Cáceres)". Este Decreto, firmado por Francisco Franco y por José María Fernández-Ladreda y Menéndez-Valdés, Ministro de Obras Públicas, dice que las obras del "Pantano de Gabriel y Galán" fueron declaradas de absoluta necesidad nacional por Orden ministerial de 4 de abril de 1946 y que para su más rápida ejecución es conveniente que se le aplique el procedimiento de urgencia en la expropiación forzosa que prevé la Ley de 7 de octubre de 1939. Con esto se pretendía abreviar los trámites para que el Estado pudiese disponer de los terrenos. El proyecto del Pantano fue aprobado por Orden ministerial de 3 de mayo de 1952, con una capacidad prevista de 924 millones de metros cúbicos. Sin embargo, una nueva Ley de Expropiación Forzosa, de 16 de diciembre de 1954, entró en vigor cuando aún no se había iniciado el expediente de expropiación. Por ello, el Consejo de Ministros acordó el 24 de junio de 1955 que la expropiación de Granadilla se tramitase por el procedimiento previsto en está última Ley.

El 22 de octubre de 1964, los vecinos de Granadilla que aún permanecían en el pueblo recibieron un escrito de la Confederación Hidrográfica del Tajo, firmado por el ingeniero encargado, mediante el que se les comunicaba que antes del día 5 de noviembre de 1964 deberían desalojar totalmente los inmuebles pertenecientes a la C.H.T. y proceder a la inmediata salida del pueblo.

La expropiación del término municipal de Granadilla ha sufrido gran número de vicisitudes tanto en la vía judicial como en la administrativa. En el ámbito judicial y en las vías civil, penal y contencioso-administrativa han intervenido los Juzgados de Plasencia, Cáceres y Madrid, la Audiencia Territorial de Cáceres, la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo. En la vía administrativa se han efectuado reclamaciones ante el Sr. Presidente del Gobierno y prácticamente ante todos los Ministerios de los que orgánicamente ha dependido la Confederación Hidrográfica del Tajo en los últimos 28 años. Ello explica lo voluminoso del expediente tanto el que consta en la C.H.T. como en el existente en la antigua Dirección General de Obras Hidráulicas.

Estos 28 años de reclamaciones y juicios son, hasta la fecha, el resultado de una expropiación que hoy se percibe como injusta por los afectados y por la mayoría de los visitantes del pueblo, turistas venidos de toda España que, tras recorrer la Villa, preguntan: "¿Porqué abandonaron el pueblo sus habitantes?". Responder esta pregunta implica conocer el drama humano de la expropiación, y para ello lo mejor es hablar con las personas que vivieron en Granadilla: "No hemos abandonado el pueblo, nos echaron".

Durante 500 años, el castillo, arrogante y señorial, presidió la vida de la villa encerrada en las recias murallas, rezando en su parroquia del siglo XVI, atenta al cultivo de sus campos. Después acabó todo. Ya no hubo historia. Tras el esplendor vino la decadencia. La Granadilla con voto en Cortes, cabeza de pueblos y tierras se quedó en nada. En 1964 fueron expulsados del pueblo los últimos habitantes después de casi 10 años de pleitos y luchas en una época en que toda protesta estaba prohibida. A partir de 1960, los vecinos que aguantaban aún en el pueblo tenían que pagar un alquiler por sus casas a la Confederación Hidrográfica del Tajo, dueña del pueblo, y hasta por los pequeños huertos donde sembraban las últimas patatas: "En el año 1964, poco antes de echarnos, pagábamos 25 céntimos el metro de tierra para sembrar y hasta pagábamos los higos chumbos que recogíamos. No nos habían pagado las indemnizaciones y nosotros teníamos que pagar".

La expropiación comenzó el 24 de junio de 1955 y los primeros vecinos salieron del pueblo en 1958, la mayor parte a Alagón, un pueblo nuevo de colonización cercano a Plasencia. Al final sólo quedaban en el pueblo 10 ó 12 familias que recibían todas las semanas cartas de la Confederación para que se marcharan. Al ingeniero jefe lo llamaban "el sillero" porque se pasaba el día exhortando a la gente a que abandonase las casas diciendo: "¡Y que no quede ni una silla!". Pero estas familias no tenían dónde ir. Granadilla era su pueblo.

En la época del inicio de la expropiación, año 1955, en Granadilla vivían 317 familias que se dedicaban a la agricultura y ganadería como en otros pueblos extremeños. Los niños asistían a la escuela cuando cumplían cinco años, pero muchos la abandonaban para trabajar en el campo, ya que los padres tenían necesidad de ello. Sus juguetes eran tan sencillos como muñecas de trapo y cartón. Jugaban al corro y al canto. Los jóvenes, en su tiempo libre, se entretenían paseando o bailando cuando llegaban las fiestas de Pentecostés (duraban tres días), o la del Cristo (duraba un día, el 14 de septiembre).

Así pues, cuando apenas habían pasado 16 años del fin de la guerra civil, el pueblo se enteró de que iban a expropiar sus tierras, sus casas, sus recuerdos. El pantano que iban a construir ocuparía sus mejores tierras de cultivo, eso si no inundaba el propio pueblo. Se lo comunicó el Ayuntamiento y la gente no lo aceptó de buen grado, ya que cualquier cosa que les diesen a cambio no podría ser mejor que lo que tenían. Algunos se resistieron a abandonar el pueblo y tuvieron que soportar amenazas. Era su pueblo, allí habían vivido toda su vida y sus antepasados descansaban en el cementerio.

Cada familia dependía de sus propiedades, que no eran muchas en la inmensa mayoría de los casos, pero servían para vivir. De golpe tuvieron que empezar a pensar dónde irían. Se buscaron la vida como pudieron. El inevitable éxodo se dirigió a distintas ciudades y pueblos de España: Madrid, Getafe, Leganés, Bilbao, Pamplona, Salamanca, Cáceres, Plasencia, Barcelona, Zamora, Alagón, Zarza de Granadilla, Abadía, Cerezo, Hervás... Algunos, incluso, se fueron al extranjero. Mil trescientas personas desperdigadas a causa del nuevo pantano.

Todos tuvieron que sufrir un duro proceso de adaptación a sus nuevos lugares de residencia y para los más ancianos esto supuso el final de sus días. Murieron lejos de su tierra y hoy yacen en cementerios dispersos por toda la geografía española.

En concreto, alrededor de 180 familias se fueron a Alagón, la "nueva tierra prometida", y lo pasaron tan mal en los tres primeros años que muchos decidieron irse de allí. Y es que fueron alojados en unos barracones poco saludables. No había agua ni luz eléctrica. Algunos recuerdan cómo tenían que cubrirse con el paraguas para refugiarse de la lluvia dentro de esos barracones, cuyo techo inicial era de cartón embreado. Además, la nueva tierra, típica dehesa extremeña, no era buena para el cultivo en la mayoría de los casos, dando poca producción y mucho trabajo.

No pocos decidieron quedarse en la cercana Zarza de Granadilla. Fue precisamente este pueblo el que, ante la disolución del municipio de Granadilla, tuvo que incorporarlo a su término municipal. Así lo decidió el Consejo de Ministros, celebrado el 30 de abril de 1965, una vez emitidos los dictámenes correspondientes por la Dirección General de Administración Local y la Comisión Permanente del Consejo de Estado. Y el 22 de septiembre de ese mismo año se reunieron en Zarza de Granadilla, previa convocatoria del Gobernador Civil de Cáceres, los alcaldes y secretarios de los tres pueblos afectados (Zarza, Granadilla y Mohedas) en presencia del Jefe Provincial del Servicio de Inspección y Asesoramiento, designado como representante del Gobierno Civil, para cumplimentar el decreto del Gobierno sobre la disolución del Municipio de Granadilla y la incorporación de su término a los municipios de Zarza y Mohedas. En dicha reunión, el alcalde de Granadilla hizo entrega al de Zarza de las existencias en caja, así como los libros de contabilidad y cuentas; del mismo modo, el auxiliar del ayuntamiento disuelto pasó a formar parte de la plantilla del de Zarza de Granadilla con todos sus derechos y obligaciones.

Desde aquello, y desde que los últimos habitantes de Granadilla fueron expulsados de sus casas, su tierra y su pueblo natal, han pasado ya 41 años. Las puertas de Granadilla se cerraron y ya nadie pudo pasar. Esto provocó conflictos con sus antiguos moradores, quienes en más de una ocasión, al retornar a su pueblo en el día de Todos los Santos, para honrar a sus antepasados, se encontraban con que no les estaba permitido entrar. Es necesario aclarar que el viejo cementerio de Granadilla estaba situado al sur de la Villa, en zona inundable por el embalse, por lo que hubo que trasladar los restos mortales de los vecinos allí enterrados a otro recinto construido por el Ministerio de Obras Públicas al otro lado de la Villa amurallada, hacia el norte.

El estado de este nuevo cementerio, construido en 1960, fue lamentable hasta el año 2000. Ni el Ayuntamiento de Zarza ni la Confederación Hidrográfica del Tajo se encargaban de su mantenimiento. Así, las cruces y las losas de las sepulturas se escondían entre las hierbas y los arbustos, crecidos de forma salvaje por todo el camposanto. De poco servían los esfuerzos de los descendientes que una vez al año (el 1 de noviembre) dejaban las sepulturas de sus antepasados en las mejores condiciones que podían. Así mismo, algunas veces, al llegar la festividad de Todos los Santos, los alumnos del Programa educativo que se desarrolla en el pueblo, limpiaban al menos la parte donde se encontraban las tumbas. Sin embargo, el estado del cementerio ha mejorado notablemente a partir del 5 de abril de 2000. Ese día fue enterrada allí Dª Cristeta Garzón Alcala, natural de Granadilla. Cumplieron así los familiares la voluntad de la difunta, que había expresado en vida su deseo de recibir sepultura en su tierra, junto a sus antepasados. Así mismo, la misa de funeral se celebró en Granadilla, en la iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora, con asistencia de muchos amigos, paisanos y familiares, que llenaron el templo. Era la primera persona que se enterraba en Granadilla y la primera misa de funeral que se celebraba en la iglesia en los últimos 41 años. Después de este hecho, el también natural de Granadilla, D. Guillermo González Rivero, ha construido su panteón en el nuevo cementerio de Granadilla. Además, se encarga de manera voluntaria del mantenimiento del camposanto, corriendo él con todos los gastos que ello comporta. El resultado es que el cementerio está limpio y cuidado, hasta el punto de que algún antiguo vecino de Granadilla, al verlo el día 1 de noviembre de 2002, exclamó: "¡Ahora ya dan ganas de enterrarse aquí!".

Fruto del ejemplo dado por Dª. Cristeta y de la abnegada labor de D. Guillermo ("Guille" o "El Capi" para los amigos), en el año 2005 se ha producido el traslado de restos mortales de otros descendientes de la Villa al cementerio que él custodia tan celosamente. Así mismo, en años anteriores, algunos familiares han esparcido en Granadilla las cenizas de sus difuntos. Tratan así de responder al deseo de tener a su pueblo como última morada. Es la tierra, los antepasados, las raíces, que tiran de los vivos y de los muertos. Sin embargo, es una decisión difícil pedir que te entierren en Granadilla, pues no se sabe si alguien atenderá el cementerio a medio y largo plazo. Además, los descendientes de la Villa están dispersos por toda España y es un problema tener a los difuntos lejos de los lugares de residencia. Pese a todo, en el año 2003 los familiares de D. José Calvo llevaron sus cenizas al cementerio de Granadilla. Así mismo, en julio de 2005, por decisión de sus descendientes, fueron trasladados a este cementerio los restos de Dª. Dolores Guerrero González (fallecida el 24-02-1995). Por último, D. Sebastián Fabián Martín Alcala, fallecido el 31-07-2005, recibió sepultura en el cementerio de Granadilla.

El caso del cementerio, del que ninguna institución o entidad pública quiere ocuparse, es un ejemplo de lo que ocurre con el resto del término de Granadilla. Efectivamente, el Ayuntamiento de Zarza se ha encontrado con las secuelas de la situación creada por la desaparición del municipio de Granadilla. Además de que algunos de los actuales vecinos de Zarza son antiguos habitantes de Granadilla que aún conservan la añoranza de su tierra, se encuentra con el problema de tener dentro de sus lindes municipales ese "fantasma" llamado Granadilla, sin poder hacer nada, ya que es propiedad de la Confederación Hidrográfica del Tajo. Contaba el alcalde de Zarza, elegido en las primeras elecciones locales de 1979, que hubo de pedir por escrito al Gobernador Civil de Cáceres una llave de la puerta que cierra el paso a la villa amurallada de Granadilla, ya que en caso de incendio, por ejemplo, el Ayuntamiento de Zarza sería responsable por pertenecer a su municipio. El Gobernador accedió a la petición, aclarando por escrito que esa llave debería utilizarse únicamente para casos extremos como es apagar un posible incendio. Por tanto, para el Ayuntamiento de Zarza la situación es curiosa, ya que las puertas de Granadilla están cerradas a cal y canto, pero las calles siguen siendo propiedad municipal.

Actualmente los descendientes de aquellos que fueron desarraigados de Granadilla visitan el pueblo al menos el 1 de noviembre, día de Todos los Santos. Esta costumbre se inició apenas se les echó del pueblo. Al trasladar los restos del cementerio viejo, que quedaba cubierto parcialmente por el agua, al nuevo construido en una zona no inundable, un grupo de vecinos no dejó de visitar el nuevo cementerio cada primero de noviembre. Los primeros años después de la expropiación la Confederación colocó una barcaza en una de las orillas del pantano para que pudieran visitar el cementerio y el pueblo, pero poco después suprimió la barca y cerró la carretera, sustituyéndola por una pista forestal apta sólo para vehículos todo terreno. Los vecinos tenían que llegar casi andando al pueblo, saltando o rompiendo una valla metálica que cerraba el camino y luego entrar en el pueblo por las murallas. Recuerdan cómo la Confederación Hidrográfica del Tajo les ponía todo tipo de trabas para impedirles llegar al cementerio y al pueblo. Sin embargo, el grupo se fue haciendo cada vez más numeroso y hoy en día son cientos los que se acercan a su pueblo. Allí se encuentran los antiguos vecinos. Recorren "sus calles", pasean por "su plaza", oyen misa en "su iglesia" y visitan "su casa" o lo que queda de ella.

Año tras año aumenta la fama de Granadilla y son más y más los antiguos vecinos que retornan a su pueblo, acompañados por los hijos y los nietos, a los que, frente al moral de la plaza mayor, les dicen cosas como: "Cago en diez, con las moras que hemos comido y los bailes que hemos echado debajo de este árbol" y "Volveré mientras pueda".

Para rematar este apartado, nada mejor que reproducir aquí algunas estrofas del poema "DESPEDIDA AL PUEBLO DE GRANADILLA", compuesto por Valentín González, poeta local, en el que se manifiesta la profunda emoción de los convecinos de Granadilla al dejar su pueblo.

DESPEDIDA AL PUEBLO DE GRANADILLA

Hoy pueblo de Granadilla
tenemos que lamentar
la separación total
de todos los ciudadanos
con motivo de un pantano
el de Gabriel y Galán.

Ya que nos van a evacuar
como hoy podemos ver
nunca debéis olvidar
al pueblo que os vio nacer
bien a pesar nuestro
es tenerlo que abandonar.

Cuantas familias serán
al darte despedida
sus lágrimas verterán
porque nuestro humilde hogar
para siempre en esta vida
lo tenemos que abandonar.

... ... ... ...

Estas humildes familias
que van en los camiones
están llenas de aflicciones
al tener que abandonar
la patria chica, el hogar,
legados de sus mayores.

... ... ... ...

No puedo deciros tanto
como esta ocasión merece
mis ojos se me entristecen
arrasados por el llanto
misericordia Dios Santo
de este pueblo que padece.

Repetirlo muchas veces
adiós mi pueblo querido
no te tendremos en olvido
hasta el fin de la existencia
Dios nos dé la recompensa
si la hemos merecido.

... ... ... ...

Viva el pueblo de Granadilla
y todos sus convecinos
que dispersos en los caminos
se encontrarán de momento
buscando vida y sustento
como errantes peregrinos.